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A finales del siglo XVII, parece que fueron empeorando las condiciones de vida de los locos en el sentido de una reclusión y de una marginación cada vez más importantes en el seno mismo del Hospital General y, en el plano de la asistencia médica, en el sentido de cierta negligencia por parte de los médicos.

La reclusión en las celdas parece haber sido ordenada para cada vez más individuos. El número de celdas edificadas en 1.613 vino entonces a ser insuficiente, según parece. De nuevo se hicieron obras en las celdas viejas y se construyeron una serie de gabies.

En ejecución de un contrato con fecha 18 de marzo de 1.694, se edificaron en otro local unas celdas nuevas, en un edificio ya existente, contiguo a la pared de la ermita de Santa Lucia, cerca de la cocina y debajo de la carnicería. Según dicho contrato, el maestro de obras se comprometía a consolidar las paredes de dicho edificio y a hacer la de las celdas con piedras de sillería (de piedra picada). Dentro de cada celda, se pondría una tabla de madera de olmo fija en la pared, para servir de asiento y de cama. Se debía hacer agujeros en la pared y poner un anillo de hierro en cada agujero para luego atar las cadenas. Una acequia pasaría delante de las gabies, con un desagüe hasta la muralla. Las puertas de las celdas serían construidas con rejas. Estas nuevas celdas fueron costeadas por el Marqués de Castelrodrigo.

Se cerraron las celdas para que cada ocupante no pudiese ver ni oír a sus vecinos, como indica la carta cursada por  el Visitador del Hospital, Gerónimo Frigola, a Calos II, el 7 de mayo de 1.697.

En realidad, a finales de siglo XVII, las obras y modificaciones introducidas van en el sentido de una división cada vez mayor de los espacios y de un aislamiento cada vez más acusado de los locos.

En ese mismo sentido se puede interpretar la decisión de los administradores con fecha 14 de junio de 1.695 respecto a las locas.

Recordemos que ya en 1.660 se había encargado a la Madre de las locas que no las dejaran salir de su casa con vistas a evitar posibles escándalos que pudiesen acarrear sus salidas. Pero parece que por, circunstancias independientes de los administradores y de la misma Madre de las locas, esa reclusión no se podía aplicar con el debido rigor. En una decisión de los administradores con fecha 14 de junio de 1.695, después de evocar la pequeñez de la Casa de las Locas y la falta de espacio vital, constatan que algunas de ellas salen de su Casa y se pasean por el Hospital General lo que acarrea múltiples inconvenientes. En consecuencia, deciden que se harán obras de ampliación del recinto de la Casa de las Locas para que tengan un espacio donde desahogarse sin salir del perímetro de su Casa.

Es de subrayar que esa ampliación de la casa utilizando el espacio del corral de las gallinas va a ser acompañada, de manera significativa, de la edificación de un alto muro que se alzó “desde la pared de las celdas de las mujeres hasta la tapia del cementerio”. Es evidente que se trata de poner a disposición de las locas un espacio cerrado al aire libre cuyo límite ya no pudiesen franquear. A partir de agosto de 1.695, fecha en la que se terminó de edificar el muro, las locas quedarían asiladas con todo el rigor deseado.

Varios indicios dan a entender que en la segunda mitad del siglo XVII, más aún en las últimas décadas, el aspecto de reclusión y de la reducción física de los locos domina con mucho sobre el aspecto asistencial y de los cuidados médicos.

Al respecto, importa señalar que según los registros de los locos del siglo XVII, 141 de 563 locos registrados entre 1.606 y 1.670 estuvieron algún tiempo en las gabies. Tres situaciones se señalan: o bien se les encerró en las gabies nada más llegar, o bien, pasaron parte del tiempo de su estancia en ellas, o bien, murieron en las mismas. Si en los sesenta primeros años de siglo XVII, el 25% de los locos estuvieron en un momento u otro en las celdas, en las tres últimas décadas del mismo siglo, el 47,74% de los locos pasaron por las celdas.

La proporción es inferior para las mujeres, quizás por considerar a éstas como algo menos peligrosas. De las 148 locas registradas entre 1.615 y 1.658, 32 pasaron por las celdas o murieron en ellas (21,62%), y en el segundo libro se menciona la celda para 14 de las 91 registradas entre 1.676 y 1.700 (17,28%).

Así pues, si en los primeros textos la asistencia a los locos en el ámbito hospitalario estriba en consideraciones de orden caritativo, muy pronto, la locura va a ser considerada como enfermedad.

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Manicomio de Valencia. Órganos de gobierno.

 

 Fuentes consultadas:

  • Archivos autores

  • Archivo del Reino de Valencia

  • Archivo Histórico Municipal

  • Biblioteca valenciana

  • Biblioteca Histórica de la Universidad de Valencia

  • Hemeroteca valenciana

  • Wikipedia

 

Bibliografía

  • El manicomio de Valencia del siglo XV al XX

  • HEIMANN, C (1.994) El Manicomio de Valencia (1.900-1.936). Tesis Doctoral. Facultad de Medicina de Valencia.

  • Hélène Tropé. Del Hospital de los locos (1.409-1.512) a la Casa de los locos del Hospital General (1.512-1.699).