La Albufera. De lago Real a Parque Natural

La Albufera. De lago Real a Parque Natural

El lago y su entorno se ofrecen como nuestro gran reclamo turístico para valencianos y visitantes, en sus múltiples faceta, desde la paisajística a ecológica y gastronómica, sin olvidar la etnológica.

Sin embargo, somos pocos los que conocemos la historia del lago. Desde aquí queremos acercar, a todo aquel que pueda estar interesado, su historia.

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La Albufera. De lago Real a Parque Natural

Los escritores más famosos de la Antigüedad, como Estrabón, Plinio, Tito Livio, etc., describieron la belleza de este paraje (Plinio lo llamó “estanque ameno”) o la inusitada extensión de sus aguas (Estrabón hablaba de “un lago marítimo tan grande, que he de menester un día natural de andadura el hombre de a caballo que quisiera rodearlo todo”).

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Aunque no hay datos contrastados, se dice, se comenta, que en tiempos de la dominación árabe, Mostaín, señor de Zaragoza, recibió la Albufera en premio a su alianza con el Cid por su ayuda para la toma de Valencia, lo cierto es que solo a partir de la Reconquista de esta Ciudad por Jaime I en 1.238 se conservan documentos que reflejan el interés de todos los Reyes por la Albufera y la Dehesa, que formaron parte del Patrimonio de la Corona y del Estado hasta 1.911, en que fue cedido al Ayuntamiento de la ciudad de Valencia, previo pago de una compensación económica.

Hoy la Albufera es de todos los valencianos y de cuantos la visitan.

Recordemos a Vicente Blasco Ibañez y su novela “Cañas y Barro”, donde retrata de forma magistral los tipos y paisajes del lago.

Sobre la Albufera y la Dehesa se ha escrito mucho y existe una bibliografía muy extensa, tanto académicos como de divulgación. Entre ellas cabe recordar a Gaspar Juan Escolano, eclesiástico, escritor e historiador, con quien la Albufera pasó a ocupar un primer plano en la literatura valenciana en su obra “Décadas de la historia de Valencia” (1.610-1.611) que ofrece extensa información sobre la historia, los linajes, geografía, instituciones y la economía del reino de Valencia dedicando particular atención a la Albufera.

Plinio el Viejo (siglo I), escribió: “La región de Edetania con un encantador lago que se extiende ante ella, llega hasta la Celtiberia”.

De la época musulmana, tan solo recordar la descripción literaria de Valencia que Al-Sagundí hizo en su Risala o elogio del Islam español, donde escribió:

“Hay en esta región (Valencia), la célebre Albufera, llena de luz, brillante, y se dice que, a causa del reflejo del Sol en esta Albufera, es tan abundante la luz de Valencia hasta el punto de caracterizarse por eso”.

La imaginación nos traslada de inmediato al lluent (brillo) de la Albufera y percibimos como la luz comienza a convertirse ya (junto con el clima, el agua y las flores) en uno de los tópicos sobre Valencia.

La Albufera. De lago Real a Parque Natural

Será a partir del siglo XIII, tras la conquista de Jaime I y creación del nuevo Reino de Valencia, cuando la Albufera aparezca de forma regular en los documentos o alguna referencia dispersa en crónicas y dietarios, aunque la preocupación por el paisaje y el territorio no parece formar parte del bagaje de los intereses, que no se citan en los escritos.

La Albufera tampoco pasó desapercibida para los franceses que recorrieron España en el siglo XVII, como fue el caso de Barthélemy Joly, consejero y limosnero del rey de Francia que fue monje cisterciense, que realizó su viaje por la Península en 1.603-1.604 acompañando al abad general del Cister.

Cuando se dirigió desde el monasterio de Santa María de Valldigna a Valencia tuvo ocasión de contemplar la extensa superficie lacunar, de la que nos dejó una brece descripción, como es la comparación de la Albufera con las lagunas costeras del Languedoc; o la etimología árabe de la palabra Albufera, decía así:

“A dos leguas de la ciudad, pasamos a lo largo de un gran lago de agua dulce, parecido a los del Languedoc, a orillas del mar, se llama la Albufera, palabra morisca; en sus aguas hay gran cantidad de pescado, sobre todo anguilas, por allí hay también muchísima caza; estando el rey en Valencia, fue allí a cazar dos o tres veces”.

Sala Giner, D., Viajeros franceses por la Valencia del siglo XVII, Ajuntament de Valencia 1.999

Mucho más breve es la descripción de Des Essarts (1.659), quien señaló simplemente:

“Llegamos a Valencia, habiendo dejado una legua de esa ciudad, a mano derecha, la Albufera, que es un estanque de tres leguas de largo y otras tantas de ancho; estando el mar alto arroja allí su agua y gran cantidad de pescado”.

Sala Giner, D., Viajeros franceses por la Valencia del siglo XVII, Ajuntament de Valencia 1.999

(1 legua = 4.828,03 metros)

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Mucho más importante es el relato del valenciano Antonio Ponz, nacido en Bejís (Castellón, 1.724) fue un destaco personaje de la Ilustración española, a la vez que un gran viajero, Académico de la Historia (1.773) y Secretario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fue una figura esencial de la política cultural borbónica y entre sus obras nos dejó “El Viaje de España” o “Cartas en que se da noticia de las cosas más apreciables y dignas de saberse, que hay en ella”, por encargo de Campomanes, en 17 volúmenes, apareciendo el de Valencia en 1.789.

La obra no solo es un inventario de monumentos y un informe documental sobre la conservación del patrimonio artístico, epigráfico, pictórico, escultural y de arquitectura y otras obras de arte, sino una descripción de las mismas desde un punto de vista fuertemente influido por la Ilustración (La Ilustración fue un movimiento cultural e intelectual europeo, especialmente en Francia, Inglaterra y Alemania, que se desarrolló desde mediados del siglo XVIII, teniendo como fenómeno histórico simbólico y problemático la Revolución francesa. En algunos países se prolongó al menos durante los primeros años del siglo XIX. Se denominó de este modo por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón. El siglo XVIII es conocido, por este motivo, como el Siglo de las Luces y del asentamiento de la fe en el progreso), abarcando también numerosos aspectos de la realidad social del país en esos momentos.

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Como buen observador que era, nos dejó la siguiente descripción del Lago y su entorno:

“Los lugares de Silla y Catarroja están situados cerca de la Laguna llamada Albufera. Esta se extiende desde una legua al Mediodía de Valencia, hasta media legua delante de Cullera. Su circunferencia, quando está llena, es de una jornada de camino, o diez leguas, su largo de quatro, y el ancho al menos de dos. No tiene más agua que la suficiente para mantener las barcas que navegan por ella. Hay dentro algunos manantiales: desaguan los barrancos en tiempos de lluvias, y también entra una, u otra acequia. Quando está muy llena, se le quita el agua por medio de un portillo, la qual va al mar, y de la misma suerte le introducen la de este en años secos, usando de cierta máquina de maderos. Es de gran regalo y utilidad dicho estanque para Valencia, y los lugares vecinos, surtiendoles de pesca quando la mar está alborotada. También se puede decir, que es un almacén de aves diversas, como ánades de muchas especies, gansos, otras que se llaman fojas, semejantes a los ánades, aunque más pequeñas y de color pardo; hay gallos marinos, capuzones, gallinas ciegas, y otras muchas, de suerte, que quando se permite la caza de tantas aves como se encuentran allí se logra un diversión sin igual para los aficionados, levantándose dese el agua bandadas, que cubren el sol. Escolano hace un docta, y prolixa relación de tanto género de aves como se cría en la Albufera, y en los almarjales o pantanos de sus orillas”

Ponz, A. Viaje de España, T.I.V., Madrid, Viuda de Ibarra, 1.789 3ª edición. Carta décima. pp. 262

También es obligatoria, en este recorrido, la referencia al notable Antonio José Cavanilles (Valencia, 16 de enero de 1745 – Madrid, 5 de mayo de 1.804), quien en sus “Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reino de Valencia” (1.795-1.797) se interesó por la agricultura y las costumbres de su tierra natal, incidiendo en aspectos botánicos, agronómicos, geológicos, hidrológicos, etc.

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Frente a las visiones de nuestros cronistas y viajeros peninsulares, es interesante recuperar lo que nos dejaron escrito en los años setenta del siglo XVIII una serie de caballeros ingleses que recorrieron la Valencia de la época en plena Ilustración. Se trata de experiencias de Richard Twiss (Rotterdam, 1.747 – Londres, 1.821), Henry Swinburne (1.743 – 1.803) y John Talbot Dillon (1.739 – Dublín, 17 de julio de 1.805), todos ellos personajes de una elevada preparación cultural.

Twiss, por ejemplo, destaca la extensión del lago y la abundancia de peces y aves acuáticas, en particular, los flamencos; Swinburne, en cambio, se hace eco de la escasa profundidad del lago, su comunicación con el mar solo cuando abren las compuertas y repite lo mismo sobre peces y aves, con una interesante nota sobre la existencia de las salinas; por su parte, Dillon, se centra en disquisiciones geológicas, al referirse al fondo arcilloso de la Albufera. En la pesca hace particular hincapié en las anguilas y en el uso del lago para la caza, insistiendo en la abundancia de flamencos.

Por último encontramos la extensa referencia de John Talbot Dillon en su libro “Viajes por toda España con idea de ilustrar la Historia Natural y la geografía física de este reino” en una serie de cartas:

“Ahora voy a hablar de la llanura de Valencia, pero donde encontrar para expresar sus bellezas, tantas que nadie que no haya estado y contemplado este alegre lugar de magnificencia natural puede concebir. Esta llanura está compuesta por capas de arcilla, con tierra arenosa o arena pura entre ellas. Retirando la primera capa que puede ser de 15 o 20 pies de grosor infaliblemente se encuentra agua corriendo entre estos dos estratos. No permitiendo la arcilla que se filtre a través; siempre que falta la capa superior, el agua, por supuesto, inunda parte del campo. Esta es la razón de tanto lagos en esas llanuras, y de ese lago de tamaño considerable llamado Albufera de Valencia que no es más que una porción extensa de tal situación, donde la capa superior ha fallado, formándose ese gran lago de agua dulce de cuatro o cinco leguas de circunferenciaque también recibe el agua del rio Júcar y de muchos manantiales y arroyos sin ningún visible aumento de nivel, porque su superficie es tan extensa que pierde por evaporación tanto como recibe, y así, siempre mantiene una profundidad de unos dos o tres pies.

Este algo provee a los mercados de Valencia de pescado, especialmente de anguilas; en cierta estación del año es muy usado por deportistas, y se llena de barcas, ya que gran cantidad den aves acuáticas disfrutan en este lugar, y algunas veces se ve al flamenco, pero ni los excrementos de tantos pájaros, ni la proliferación de tantos peces muertos provocan el más mínimo síntoma de álcali volátil, cuando se analiza, no hay más que en el agua del mar, a pesar de la gran cantidad de peces que mueren en él. El fondo de la Albufera es una capa de arcilla pura, y si por cualquier casualidad las aguas desaparecieran encontraríamos esa capa sin ninguna mezcla de piedra, arena o hierro, y completamente similar a la tierra de batán (arcilla esméctica) de Inglaterra”.

Viajeros británicos por la Valencia de la Ilustración (siglo XVIII) Valencia, Ajuntament de Valencia 1.996. pp. 164-165

(1 pie = 0,3048 metros)

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A medida que vamos avanzando hacia el presente nos van quedando más noticias sobre la Albufera, resultado de diversos factores, desde los avances científicos al desarrollo del Romanticismo en la literatura o al gusto por viajar, que se extiende entre la burguesía.

Entre los viajeros ingleses que recorrieron la península ibérica, cabe destacar a Richard Ford (Jackson, Misisipi, 16 de febrero de 1.944), que en su “Manual para viajeros por los Reinos de Valencia y Murcia y lectores de casa” recoge variadas noticias sobre la Albufera, las ya habituales sobre caza y pesca, pero también el paludismo que acechaba a los pescadores o una referencia, inédita, a su patrona Nuestra Señora de Buena Guía, que ya lo era en los siglos medievales.

Valora el lago en 300.000 libras y se hace eco de la donación hecha por Napoleón de la Albufera al mariscal Suchet.

Tampoco faltaron los viajeros franceses que anduvieron por nuestras tierras en el siglo XIX, recordando algunos de ellos la posesión del lago por el mariscal Suchet y la riqueza cinegética y pesquera de la Albufera, como era habitual en todos los relatos, pero también, llevados por una preocupación social y medio-ambiental, de la pobreza de sus gentes, el calor, la fiebre y los mosquitos, una realidad cotidiana que muy pocos tenían presente cuando escribían sobre la Albufera.

Del mismo modo, tampoco podemos omitir en estas descripciones del lago las realizadas por el más destacado autor de la Reinxença valenciana, Teodoro Llorente Olivares (Valencia, 7 de enero de 1.836 – 2 de julio de 1.911), quien en su monografía dedicada a Valencia, dentro de la colección sobre España, nos dejó una descripción de la misma, en a que esfuerzo del hombre por convertir el lago en campos de arroz, se conjuga con el paisaje idílico que ofrece la laguna al espectador.

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Naturalmente no podíamos olvidarnos en estas descripciones del lago, las realizadas por Vicente Blasco Ibañez (Valencia, 29 de enero de 1.867 – Menton, Francia, 28 de enero de 1.928), en su celebérrima novela “Cañas y Barro”, cuyo marco ambiental es, precisamente, la Albufera y su entorno, y a la que todos los autores que escriben sobre el lago recurren.

Aunque todas las novelas están llenas de descripciones sobre los parajes albufereños, recogemos en estas líneas, solo aquellos que están centrados en la Albufera propiamente dicha.

 

Fuentes consultadas:

  • Archivos autores

  • Archivo del Reino de Valencia

  • Archivo Histórico Municipal

  • Biblioteca valenciana

  • Biblioteca Histórica de la Universidad de Valencia

  • Archivo de la Diputación provincial de Valencia

  • Hemeroteca valenciana

  • Wikipedia

Bibliografía

La Albufera. De lago Real a Parque Natural

La bibliografía sobre la Albufera es muy extensa, por lo que, solo recogeremos una pequeña muestra

  • El cas de L’Albufera, zones humides valencianes, Emili Piera

  • L’Albufera de Valencia, Daniel Sala, Francisco Calero, Pepe Sapena

  • La Albufera. De Lago Real a Parque Natural, José Hinojosa Montalvo

  • Historia de la Albufera de Valencia (1.960) Francesc de Paula Momblanch

  • Fauna valenciana. Geografía General del Reino de Valencia. Boscá. A., 1.916

  • Tratado de los derechos y regalías que corresponden al real patrimonio en el reino de Valencia y de la jurisdicción del intendente, como subrogado en lugar del antiguo bayle general. Branchat, V., 1.784-1.786

  • Estudio histórico y jurídico de la Albufera de Valencia. Su régimen y aprovechamientos desde la Reconquista hasta nuestros días. Caruana Tomás, C., 1.954

  • Observaciones sobre la Historia Natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia. Cavanilles, A. J.

  • Décadas de la historia de la insigne y coronada ciudad y reino de Valencia. Escolano, G. – Perales, J.B. 1.879-1.880

  • Etc.