Esculturas Pont del Real

Esculturas Pont del Real

Esculturas en puentes y pretiles

Pont del Real

Originalmente, en 1.598, se creyó que el Puente del Real debía estar ornamentado con sendas imágenes de San Vicente Ferrer y San Vicente Mártir, realizadas en mármol genovés, cuya factura no debía exceder la suma de 300 libras, sin embargo, parece ser que finalmente se abandonó dicho proyecto, o mejor, se aplazó a 1.602 recayendo en encargo en el pedrapiquer Vicent Leonart Esteve quien recibió 200 libras y se comprometió a realizar el trabajo en el plazo de 5 meses, si bien finalmente, la entrega de las obras se demoró 4 meses más de lo previsto.

Las piezas se colocaron entre el segundo y tercer arco del puente.

El trabajo del pedrapiquer estaba concebido como el del artesano que modelaba la piedra en bloques independientes y después las ensamblaba formando así en conjunto escultórico.

De este modo, por ejemplo, sabemos que de la San Vicente Mártir, el aspa pesaba cerca de 5 arrobas (1 arroba equivale a 11 kilógramos y 502 gramos), la corona 34 libras (1 libra equivale a 460 gramos) y la palma que lleva en la mano el mártir 4 libras.

La palma y la corona de San Vicente Ferrer, y la palma y la cruz en aspa de San Vicente Mártir, originalmente, eran de bronce.

Pocos años después, en 1.609 se retoma la idea de encargar 4 imágenes en mármol de Génova para el puente del Real, se trataba de las esculturas de San Vicente Mártir, San Vicente Ferrer, San Luis Obispo y San Luis Bertrán.

Las obras fueron concebidas bajo el dibujo del pintor Juan Zariñena.

En el encargo se advertía que los rostros de las cuatro imágenes fueran lo más parecidos a los de las estampas y, especialmente, la de San Luis Bertrán, ya que el rostro de este dibujo procedía del retrato en vivo del santo.

Pero cuando las obras estuvieron concluidas, la fatalidad quiso que cuando fueron trasladadas a España el barco donde venían cayeran en manos de corsarios argelinos, y fueron a para a Argel, desapareciendo para siempre las estatuas.

Por lo que respecta a las esculturas que se habían ubicado sobre el puente, desde el principio  se encontraban exentas y descubiertas, como así se pueden apreciar en 1.608 en el célebre plano de Antonio Mancelli, pero a finales del siglo XVII, por obra del arzobispo fray Juan Tomás Rocaberti en 1.682 y 1.683 se labraron para ellas nichos y adornos, con lo cual quedaron protegidas de los principales agentes externos.

La última intervención sobre este conjunto parece ser que data de 1.773, cuando un rayo afectó a la escultura de San Vicente Ferrer al despedirla por el impacto a los márgenes del río.

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De este percance resultó que la imagen del santo perdió dos dedos de la mano derecha, un trozo de nariz y parte del cuello en la parte de la espalda, lo que en opinión de los técnicos de la época no significaba grandes desperfectos ya que se podía recomponer con facilidad.

La escultura fue restaurada por José Puchol i Rubio, reponiendo todos los desperfectos y realizando una nueva corona y el Timete de latón.

Además se intervino sobre la estructura con piedra extraída de las canteras de Ribarroja y Benisanó, se limpiaron las columnas y las tejas de la cubierta  fueron repuestas.

El paso del tiempo se encargó de ir cercenando la salud de estas esculturas y de sus respectivos casalicios, que en 1.925 presentaban ostensibles signos de deterioro.

El estado de los templetes era lamentable, lo sillares de las columnas de piedra de Alcublas estaban descompuestos, las cornisas contaban con grandes fisuras en las piedras, el casalicio se sostenía con barras de hierro introducidas y con grapas de retención.

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En 1.927 se afianzó mediante abrazaderas y tirantes.

Entre 1.945 y 1.946 se repusieron ambas esculturas que miden 1,80 metros, esculpidas en mármol procedente de la cantera alicantina de La Algueña, siendo obra de Carmelo Vicent la de San Vicente Mártir y de Ignacio Pinazo la de San Vicente Ferrer.

San Vicente Mártir aparece como gran predicador en expresivo gesto propio de las torturas que tuvo que soportar y de los diversos martirios.

Como se puede apreciar lleva la dalmática diaconal (se usa la palabra “dalmática” para denominar a la túnica abierta por los lados, más corta que la eclesiástica, utilizada por los maceros, aunque su nombre propio es el de «tabardo». Una dalmática usaban también los dignatarios bizantinos) sobre el alba talar, con la palma del martirio en su mano derecha y el libro de los Evangelios en la izquierda, detrás de él se advierten dos maderas cruzadas que asemejan una cruz en aspa como la de San Andrés, aunque realmente corresponde al ecúleo (potro, aparato de tormento) donde fue torturado.

En cuanto a San Vicente Ferrer, aparece con hábito de la Orden de Predicadores dominicos donde ingresó en 1.367, vistiendo túnica, manto superior y muceta (es una prenda corta, que llega hasta los codos y con botones en la parte delantera. Esclavina sin capucha, abotonada por delante, de seda o piel, que llevan como distintivo los licenciados, doctores y catedráticos universitarios o magistrados, jueces y abogados sobre la toga).

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Como se recordará, este santo fue muy conocido por sus sermones.

Fue consejero de numerosos monarcas, además, fundó una comunidad ambulante que se dedicó a la predicación, recorriendo España y parte de Europa.

Pero, antes de continuar con la visión de las esculturas de los diferentes puentes de la ciudad, quizá sea interesante analizar las circunstancias que rodearon la destrucción durante la guerra civil y la posterior reposición de las 4 imágenes señalas anteriormente: Las de San Vicente Ferrer y San Vicente Mártir del puente del Real y las de Nuestra Señora de los Desamparados y San Pascual Bailón del puente del Mar.

Como se ha apuntado, en el transcurso de la guerra civil fueron destruidas las 4 imágenes y el Ayuntamiento de la ciudad presidido por el alcalde Joaquín Manglano, decidió poner los medios para restablecer las antiguas imágenes.

En agosto de 1.939, el consistorio acordó iniciar los trámites oportunos para llevar a cabo la reposición de los casalicios de ambos puentes, así como que se buscase una solución para restituir las 4 esculturas.

Puesto que el estado en que había quedado desaconsejaba su restauración, el Ayuntamiento optó por adquirir las 4 imágenes dañadas mediante concurso público entre aquellos “escultores valencianos galardonados con primera medalla en exposiciones nacionales”.

Estas imágenes se habían de labrar en 4 bloques iguales de mármol del país adquirido por la Corporación Municipal, de forma que las 4 obras contaran con la misma calidad de piedra, tonalidad y colorido.

El conjunto de las 4 piezas se estimó que no debía exceder la cantidad de 120.000 pesetas.

Cuando en 1.943 se establecieron las bases para el concurso de adquisición de las imágenes, se especificaba algunos aspectos curiosos y otros altamente orientativos de cual era la sensibilidad de la Corporación Municipal en aquellos momentos; así por ejemplo, se expresaba que solo podían concurrir “escultores naturales del Reino de Valencia” y que hubieran obtenido primera medalla en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.

Los aspirantes debían presentar sus modelos de escultura en escayola blanca, y las medidas debían ajustarse a 1 metro de altura la de la Virgen y 90 centímetros la de los santos.

Las imágenes, además, debían acomodarse en forma, proporciones y ornamentación a las que iban a reemplazar, para lo cual se les facilitó a los concursantes información gráfica de los originales.

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Por último, se aclaraba que una vez se designase ganador el boceto en escayola, el autor elegido se le entregaría mármol para su elaboración definitiva.

Las 4 imágenes, según se recogió en la convocatoria, debían esculpirse en mármol del país y presentar la superficie de la piedra pulcramente labrada.

Se aconsejaba que los artistas ganadores viesen la forma de “representar suave misticismo y unción religiosa para que resulte una exquisita e inspirada concepción de arte religioso”.

Las obras definitivas se exigía que midieran 2 metros la figura de la Virgen, sin contar la corona, ni la aureola o nimbo, y 1,80 metros la de los santos sin considerar la aureola y, en el caso de San Vicente Ferrer, tampoco se tenía en cuenta la cinta que circunda su aureola.

El premio se estimó en 28.000 pesetas para el autor de la Virgen de los Desamparados y 23.000 pesetas por cada santo.

Cuando se cerró el plazo se habían inscrito 28 artistas: Ramón Mateu, Luis Mora Cirujeda, Federico Zapater, José Ortells López, Pascual Julio Fuster Rubert, José Pérez (Peresejo), E. Castera, Antonio Ballester Vilaseca, J. Estellés Achotegui, Luis Torres Pastor, José Justo Villalba, José Torrencio Farré, Antonio Sanjuan Villalba, Francisco Bolinches Mahiques, Francisco Gutiérrez Frechida, Vicente Navarro, Carmelo Vicent Suria y Salvador Octavio Vicent.

El domingo 2 de abril de 1.944 quedó inaugurada en el salón del piso superior del Consulado de la Lonja la exposición de bocetos de las imágenes para los casalicios de los puentes del Mar y del Real.

La inauguración contó con la presencia del afamado Mariano Benlliure.

El 20 de abril el jurado dio a conocer el fallo: dejaron desiertas las imágenes de la Virgen de los Desamparados y la de San Vicente Mártir, y asignaron a José Ortells López la ejecución de la imagen de San Pascual Bailón y a Carmelo Vicent Suria la de  San Vicente Ferrer.

A la vista de este resultado el pleno del Ayuntamiento acordó encargar directamente las obras desiertas a “escultores de merecida reputación”.

Y los artistas designados por el Consistorio valenciano fueron: Vicente Navarro, a quien se le encargó la ejecución de la imagen de la Virgen de los Desamparados e Ignacio Pinazo Martínez quien se ocuparía de esculpir la figura de San Vicente Mártir.

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Pont del Real

La serrería de mármol de Carlos Tortosa S.A. de Monóvar facilitó el mármol color crema claro de cuatro piezas.

De esta forma, apenas 6 años después de su destrucción, quedaban restablecidas las 4 imágenes en sus lugares originales.

 

Fuentes consultadas:

Bibliografía:

  • Guía de la ciudad de Valencia. María Ángeles González Gudino.

  • Monumentos desaparecidos de la Comunidad Valenciana. Salvador Aldana Fernández

  • Una joya de arte en peligro. El casalicio de San Vicente Ferrer. Ricardo Garrido Juan

  • Monumentos a valencianos ilustres en la ciudad de Valencia. Vicente Ferrer Olmos

  • Barroco efímero en Valencia. Pilar Pedraza

  • Els casaliçis del pont de la Mar. Francesc Carreres i de Calatayud

  • Els casaliçis del pont del Real. Francesc Carreres i de Calatayud

  • Arquitectura religiosa del siglo XVII en la ciudad de Valencia. Fernando Pingarrón

  • El ornato urbano, la escultura pública en Valencia. Rafael Gil – Carmen Palacios

  • Valencia antigua y moderna. Historia y descripción de las calles, plazas y edificios de Valencia. Marcos Antonio de Orellana Mocholí

  • Diccionario de símbolos y mitos. J. A. Pérez-Rioja

  • El legado de la ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. Inmaculada Aguilar Civera

Fotografías

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