Contexto Histórico II

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La Casa de Beneficencia en Valencia

De la regresión del siglo XVII al impulso del iluminismo

El siglo XVI termina con la muerte de Felipe II, ocurrida en 1.598, que dejó al país sumido en la bancarrota y bajo el azote de la peste bubónica, que entre los años 1.596 y 1.602 causó estragos a la población.

El nuevo siglo comienza con la expulsión de los moriscos en 1.609 por Felipe II, particularmente doloroso para la economía en Valencia, con la Guerra de los Treinta Años y con grandes olas de emigración hacia América.

La Guerra de los Treinta Años fue una guerra librada en la Europa Central (principalmente el Sacro Imperio Romano Germánico) entre los años 1.618 y 1.648, en la que intervinieron la mayoría de las grandes potencias europeas de la época.

Esta guerra marcó el futuro del conjunto de Europa en los siglos posteriores.

Aunque inicialmente se trataba de un conflicto político-religioso entre Estados partidarios de la reforma y la contrarreforma dentro del propio Sacro Imperio Romano Germánico, la intervención paulatina de las distintas potencias europeas convirtió gradualmente el conflicto en una guerra general por toda Europa, por razones no necesariamente relacionadas con la religión: búsqueda de una situación de equilibrio político, alcanzar la hegemonía en el escenario europeo, enfrentamiento con una potencia rival, etc.

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La Guerra de los Treinta Años llegó a su final con la Paz de Westfalia y la Paz de los Pirineos, y supuso el punto culminante de la rivalidad entre Francia y los territorios de los Habsburgo (el Imperio español y el Sacro Imperio Romano Germánico) por la hegemonía en Europa, que conduciría en años posteriores a nuevas guerras entre ambas potencias.

El descenso poblacional, la profunda pobreza que se extiende por toda España y el fundamentalismo religioso, impiden que las nuevas ideas surgidas en el período de prosperidad anterior se plasmen en programas progresistas; más al contrario, eran necesarias todas las manos para el sostenimiento de un país que era incapaz de percibir que el colonialismo le estaba asfixiando económicamente.

Algunos arbitristas (El arbitrismo es el nombre genérico que se da a una corriente de pensamiento político y económico desarrollado en la monarquía hispánica, fundamentalmente en la Corona de Castilla, durante la segunda mitad del siglo XVI y el XVII, relacionada intelectualmente con la llamada Escuela de Salamanca. Puede considerarse el arbitrismo como la primera literatura económica digna de tal nombre, simultánea y en buena parte precedente del mercantilismo de otras naciones europeas, como Francia e Inglaterra. Se denomina arbitrio en este contexto a cualquier medida que el rey puede adoptar en beneficio del reino, en ejercicio de su soberanía y por su propia voluntad, como corresponde al concepto de monarquía autoritaria de la época de los Habsburgo. En plural, arbitrios era un nombre que se daba a ciertos impuestos con que se arbitran fondos para gastos públicos; una figura fiscal que reporta beneficios a corto plazo y no requiere negociar con los contribuyentes) criticaron y plantearon soluciones a tal situación, pero incluso ellos recomendaban poner a los niños a trabajar enseñándoles un oficio.

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La ceguera política defendía que la educación debía limitarse a la clase dirigente y el pueblo, incluidos los niños, debía dedicar sus esfuerzos al trabajo y, además, era incapaz de provocar mejoras estructurales, necesarias por la competencia extranjera, que conllevaran una mayor producción y riqueza.

Sumido el país en la guerra, las epidemias y la pobreza se produjeron revueltas sociales que amenazaban el poder de la nobleza, por lo que los pobres, pasaron de santos a enemigos y al enemigo no se le apoya.

La burguesía mercantilista, pieza fundamental en el crecimiento del país en los siglos precedentes, dejará el taller y el oficio en la ciudad para vivir de las rentas que le produzcan las tierras que, en el inmenso esfuerzo que le supuso la ascensión como clase dirigente, habían adquirido imitando a la nobleza.

Los mercaderes dejaran paso a los hidalgos (Hidalgo, hijodalgo, Fidalgo, en castellano antiguo, y común en literatura, e infanzón tiene su origen en España y Portugal y es sinónimo de noble, aunque coloquialmente se utilice el término para referirse a la nobleza no titulada), que rechazaban la fuerza del trabajo, por lo que la producción bajará a mínimos y los impuesto subirán para los que intenten crear riqueza, puesto que la Corte incrementa el boato (Ostentación de lujo o riqueza que se manifiesta en las formas externas) con la aparición del valido del rey (El valido fue una figura política propia del Antiguo Régimen en la Monarquía Hispánica, que alcanzó su plenitud bajo los llamados Austrias menores en el siglo XVII. No puede considerarse como una institución, ya que en ningún momento se trató de un cargo oficial, puesto que únicamente servía al rey mientras este tenía confianza en la persona escogida. No fue algo exclusivo de España, siendo similar el ejercicio del poder por los cardenales Richelieu y Mazarino en el Reino de Francia o por Cecil y Buckingham en el Reino de Inglaterra. Se utilizan como sinónimo de valido los términos «favorito» o «privado») y aunque el reinado de Felipe III se caracterizaba por ser un período de relativa paz, en 1.618 comenzó la Guerra de los Treinta Años que volvieron a vaciar las exiguas arcas reales.

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La reacción en cadena no tardará en producirse y se preferirá no trabajar, hacerse “señor” o al menos hidalgo o religioso, oficios que no pagaban tributos, antes que trabajar por amor a la patria o a Dios.

Aunque el panorama social era desolador, especialmente en España, las ideas del Renacimiento habían colaborado en ver la infancia como un período de la vida con sus propias necesidades y particularidades, pues para algunos autores, hasta entonces no se consideraba la niñez como un estadio diferente a la madurez.

Un asunto especialmente interesante es si los padres tradicionalmente han tenido en cuenta las necesidades afectivas del niño.

La escasa intimidad entre padres e hijos, el ver al niño como un adulto en miniatura, que se refleja incluso en el arte, podría ser justificada como terror a la alta tasa de mortalidad que padecía la población, particularmente los niños.

El niño tiene que colaborar, además, en el sostenimiento de la familia, por lo que cuanto antes debía aprender el oficio del padre, algo reñido con la necesidad de formación intelectual y con el juego.

La justificación sobre que la alta tasa de mortalidad justificara el distanciamiento entre padres e hijos es indiscutible, puesto que los defensores de este argumento como Philippe Aries, Lloyd De Mause o Lawrence Stone, indican que se produce un cambio significativo durante el siglo XVII, cuando ya hemos visto que la mortalidad es uno de los grandes males del siglo.

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En lo que todos los autores coinciden es que el grado de afectividad en el seno familiar se incrementa a lo largo de este período, esto se traduce, sobre todo en los países donde la Reforma triunfó, en un mayor esfuerzo formativo durante los primeros años por la madre y posteriormente en las escuelas.

Por tanto la madre debe estar formada.

Si de la fe obtenemos la salvación, ya no es suficiente con el bautismo, una nueva religión basada en la palabra debía poner énfasis en la educación, creándose escuelas públicas donde esto fuera posible, ya que esta función ya no la podían cumplir los monasterios, en período de extinción.

La educación también comenzó a ser un distintivo social, la incipiente burguesía potenciará la cultura como medio de ascensión social, aunque la educación de los padres hubiera sido nula o deficiente querían que sus hijos tuvieran una buena educación para que pudieran relacionarse convenientemente en las altas esferas.

Esto pudo provocar la separación del niño en el seno familiar y un incremento de la disciplina, pero se consideraba que este rigor iba a ser positivo para el futuro del apellido, una buena instrucción, distinguía un caballero de un plebeyo.

Como ya hemos visto, pobreza y niñez creaban una mortífera relación.

La mayoría de los niños pobres que se abandonaban morían desasistidos; la causa principal del abandono era el no poder hacer frente al mantenimiento del niño o haber sido fruto de una relación natural.

La edad de lactancia alcanzaba en ocasiones los 3 años, si el niño era huérfano por muerte de la madre, su probabilidad de subsistir era escasa; eran abandonados en las puertas de los hospitales, pero aquí tampoco podían hacer mucho si no aparecía una madre de leche y la posibilidad de contraer una enfermedad era muy elevada.

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Aunque se apreciaba una regresión del bienestar social, iglesia y Estado irán desplazando la educación privada a los colegios y la creación y reforma material y reglamentaria de las instituciones continuará a lo largo del siglo XVII.

Además del Hospital como gran institución, la ciudad contaba con otro gran edificio benéfico, la Casa de la Misericordia.

La fecha exacta de la fundación de la Casa de Nuestra Señora de la Misericordia es confusa.

La primera noticia en el archivo General de la Administración referente a establecimientos benéficos nos remite precisamente a la Casa de la Misericordia y data del 7 de mayo de 1.829, estando firmada por Pedro Asís, canónigo director.

Aunque un oficio de 1.832 extraído del mismo archivo, algunos autores hacen referencia a su fundación en 1.670 por el Ayuntamiento.

Parece razonable deducir que la institución se funda en 1.670, como albergue para ancianos, enfermos y niños y son las obras de la Casa, con la conclusión de la iglesia, lo que se termina en 1.675.

Durante el reinado de Carlos III, la iglesia ya no es defensora a ultranza de la pobreza y las enormes bolsas de pobres que rodean los templos y que hacen incómoda la llegada a los mismos comienza a considerarse preocupante.

La Real Orden de 14 de febrero prohibió mendigar en la Corte y su distrito, señalando 15 días de plazo para recoger a los mendigos.

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De acuerdo, en principio, con las ideas higienistas de la burguesía emergente del período, y con su peculiar manera de enfrentar la llamada cuestión social, se plantean iniciativas que tratan de eliminar de la vista un elemento tradicional del ambiente de la ciudad del Antiguo Régimen: la pobreza.

Este problema social aparece ahora como una grave lacra que pone en cuestión la eficacia del proyecto de prosperidad general de los sectores liberales y renovadores y al mismo tiempo aparece como un elemento improductivo que no solo afea la vida ciudadana, sino que tampoco contribuye a la creación de la riqueza que se pretende.

La Casa de la Misericordia se encontraba totalmente colapsada y se intentaba buscar nuevos caminos que evitaran tener los templos y las calles tomados por los indigentes.

En 1.779 se aceptó legalmente el trabajo femenino, lo que permitió a las hijas de familias pobres optar entre el trabajo en las fábricas y el servicio en las casas de los ricos.

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Supuso un paso adelante en la igualdad de la mujer al estar habilitada para aprender un oficio, puesto que hasta entonces su proyecto de vida era estar preparada para el matrimonio, y su colaboración en la vida familiar, era la ayuda en las tareas de la casa, pero entró en la rueda de la explotación infantil que desde siempre habían padecido los niños.

La revolución social estaba en marcha por la influencia que estaba ejerciendo el cambio de régimen en Francia.

Pocos años después se autorizaba a las Reales Sociedades de Amigos del País a modificar los reglamentos de los gremios que degeneró en la derogación de la obligatoriedad del aprendizaje.

La burguesía emergente necesitaba una reglamentación más flexible que permitiera adaptar la producción a los cambios de la demanda.

En este sentido se desarrollaron las primeras tentativas en Valencia de la Real Sociedad de Amigos del País entre los años 1.798 y 1.805 “para el empleo de los brazos útiles a quienes la reducción de las fábricas y falta de extracción de frutos ha dejado sin ejercicio”.

Además, y de acuerdo con el pensamiento Ilustrado, se incide en “la necesidad de mejorar la educación popular, demostrando que el hombre sin ocupación aprende a obrar mal”.

Pero los distintos planes fracasan por la escasa vinculación económica de la sociedad civil y de los poderes públicos en los proyectos, para algunos era un riesgo educar demasiado al pueblo, puesto que la principal misión de este último, es sostener con la fuerza de sus manos la economía del país.

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Los cambios en el control de la beneficencia comenzaron a producirse a partir de la creación de las Diputaciones de barrio en aquellos lugares que hubieran Juntas de Caridad.

La primera tentativa de encierro, como ya hemos comentado, la dicta Carlos III en 1.785; los mendigos lacerados o deformes deben ser recogidos y curados para evitar todo contagio, para procurarles su alivio y para liberar al público de su importunidad y de su vista desagradable, pero las ideas de Luis Vives son asumidas y se dictan instrucciones para que se distinga entre pobres y vagos y se corte la cadena de la pobreza a través de la educación de los niños.

La política de clasificación, recogimiento, educación-preparación para la vida laboral de los pobres había sido defendida por Pedro Rodríguez de Campomanes y Pérez (1.723-1.802) para quien los hospicios estaban obligados a educar a los pobres de solemnidad y prepararles para ejercer un oficio al servicio de un maestro artesano, además de enseñarles faenas como la de molinero, tahonero, molendero de chocolate, confitero, pastelero, colchonero y otros trabajos.

Las ventajas de una preparación previa en el caso de los niños les ayudará a que puedan alcanzar el rango de oficial más pronto, cuando entre como aprendices en la industria, ganar un jornal y salir de la pobreza.

En último extremo lo que se pretende es sacar al país de la desidia e ignorancia en que se encuentra sumido y aprender de la experiencia y buenos resultados que se estaban produciendo en otros países.

Fuentes consultadas:

Bibliografía

  • La Casa de Beneficencia de Valencia. Antonio Ariño Villarroya-Daniel Benito Goerlich-Ramón Cervera Prada

  • Beneficencia, formación y empleo en Valencia (1.874-1.902). Tesis Doctoral de José Antonio Acosta Sánchez

  • Centro Cultural La Beneficencia

  • Guía urbana de Valencia antigua y moderna. Marqués de Cruïlles.

  • Apuntes históricos sobre los Fueros del antiguo Reino de Valencia. Vicente Boix. 1.854

  • Arquitectura religiosa del siglo XVII en la ciudad de Valencia. Fernando Pingarrón

  • Décadas de la Historia de la insigne y coronada Ciudad y Reyno de Valencia. Gaspar Escolano

  • Memoria de la Casa de Beneficencia. Pascual Guzman.

  • De l’ofici a la fábrica, una familia industrial valenciana en el canvi de segle “La Maquinista Valenciana”. Amparo Álvarez- Carmen García.

  • Prisión, enjuiciamiento y muerte del general Elio, 1.820-1.822. Juan García González.

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