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Lonja de la Seda Los Hombres y los espacios

Lonja de la Seda Los Hombres y los espacios

Los hombres

El 23 de junio de 1.469, vigilia de San Juan, reunido el Consell de la ciudad, informan los jurados que la vieja lonja “era molt ruinosa”, y que les parecía que se debía edificar una nueva “que fos honor de la dita ciutat”, para cuya construcción proponían un impuesto sobre la mercadería.

Once años más tarde, en 1.480, toda la actividad mercantil se realizaba en la lonja vieja, pero vuelve a plantearse la necesidad de contar con una lonja nueva, asunto que se somete a la deliberación del Consell.

La duda sobre si se arreglaba la lonja vieja o se levantaba la nueva quedó zanjada tras la votación secreta en la cual 41 de los 43 consellers se dieron por “fer e fabricar en lo lloc on es edificaba la Casa de Mossen Pujades una Llotja molt bella magnifica e sumptuosa”.

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Así, en aquel 23 de junio estuvieron presentes los honorables Jurats y prohombres de dicha Cámara, presididos por Mossén Berenguer Mercader, caballero y Justicia Real. Este es el primer nombre en la política de Valencia de entonces que nos aparece en relación con la obra de la Lonja.

La lectura de los documentos del Archivo Municipal de Valencia nos ha permitido conocer la tasación de las casas cuyos propietarios iban a ser expropiados.

Fueron en total 15 casas “en el carrer de arrocers justa la vall” y 13 en “arrocers que enfrontan al mercat”, incluyendo la de Mossen Pujades, que fue la primera que se derribó.

El Consell pago un total de 4.110 libras, moneda valenciana, que hoy supondrían, aproximadamente, 19 millones y medio de pesetas, aproximadamente unos 118.000 euros.

Es sabido que el gran salón columnario se alzó sobre los solares siguientes: casa de Mossen Pujades, casas de la acera derecha del “carrer dels arrocers”, casas frente al mercado y huerto entre estás y la casa de Pujades.

La capilla se levantó ocupando los terrenos del “carrer dels arrocers”, llegando hasta las casas de lado izquierdo de dicha calle.

Esas casas, que terminaban en aquel entonces en el llamado “carrer de Enyengo”, como también se conocía al actual “carrer de Cordellats”, se compraron, en 1.497, para construir en sus solares la sala del Consolat del Mar.

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Es necesario ahora hablar de los hombres que hicieron realidad física la Lonja de la Seda de Valencia.

En primer lugar encontramos los “pedrapiquers” o picapedreros, realizadores de trazas arquitectónicas y que genéricamente recibían el título de “mestres”, es decir, el escalón más alto dentro de los constructores.

Junto a loa “pedrapiquers” estaban los “obrers de la Vila” seguidos por los “manobres”; un grupo separado de los “manobres” eran los “tapiadors” o expertos en la realización de muros de carga.

De la labor escultórica se encargaron los “imaginaires” o escultores de imágenes de bulto.

Los “entalladors” eran los encargados de entallar o hacer moldes para figuras en dos dimensiones, por medio de incisiones o cortes.

Hubo pintores, vidrieros, “fusters” (carpinteros), “manyas” (cerrajeros), “buydadors” (estañeros), “ferrers”, “netejadors de maresi pous”, proveedores, escuderos, todos estos hombres, aportaron a la obra de la Lonja su caudal de conocimientos y unidos por la común ciudadanía hicieron al único y representativo del esplendor de la Valencia de los siglos XV y XVI.

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Los espacios

Espacio urbano

Entre los elementos que lo constituyen encontramos el centro y el lugar, la dirección y el camino, el área y la región.

El espacio urbano es el nivel dentro del cual los barrios, calles y plazas son las estructuras fundamentales y, por supuesto, dentro del nivel común, las casas ocupan un puesto importante.

Espacio urbano medieval

En este espacio, las murallas, bien reutilizando las romanas o construyendo nuevas, son un hecho capital del sistema urbano medieval.

Dentro y fuera de la muralla, se concentra la población, fenómeno geográfico y biológico simultáneo.

Si la ciudad es de nueva fundación el esquema de distribución de los espacios urbanos surge de modelos ya consolidados; pero si solo cambian en ellas los habitantes nuevos que pueden o no convivir con los antiguos, aceptan los espacios existentes y procuran, más adelante, introducir cambios que se adapten a sus costumbres (como transformación de templos de otros cultos al suyo propio; apertura de nuevos espacios para mercados; aireación de las fachadas mediante apertura de ventanas, etc.).

Para todos estos cambios, los gobernantes publican Ordenanzas, como las que en materia urbanística, hizo el Consell valenciano.

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La Lonja y sus espacios urbanos

Los espacios urbanos exteriores eran la Xerea (enfrente de la actual plaza de Tetuán) y la Boatella, al sur del brazo seco del río Turia, junto a la iglesia de San Martín y la plaza de Mariano Benlliure.

A su lado, pero a intramuros, se hallaba la Alcaisseria o barrio comercial de la ciudad, aproximadamente entre la calle Bolsería y las plazas del Ayuntamiento, Dr. Collado y la plaza de la Reina.

Ambos espacios se comunicaban por el portal llamado de Bab al-Qayseriya o Puerta de la Alcaicería, situada quizá, donde se encuentra la actual calle Ercilla.

Había un centro urbano (heredado de los romanos y visigodos, como demuestran las recientes excavaciones en los solares de la parte posterior de la Basílica de la Virgen) en la que los musulmanes situaron el Alcázar y la Mezquita mayor que se enlazaba con las distintas puertas de la muralla por medio de callejuelas estrechas y sinuosas, algunas sin salida (atzucats) u con casas de pocas aberturas al exterior, siguiendo la costumbre musulmana.

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Coexistieron tres comunidades en la ciudad: la de los cristianos-visigodos, la de los judíos y la musulmana propiamente dicha.

Los judíos, al contrario de las otras dos comunidades, tenían su barrio propio con puerta de acceso abierta solo durante el día.

En la ciudad musulmana, la que nos interesa, hay que subrayar tres espacios:

  • Alcázar

  • Mezquita

  • Mercado

Los dos primeros espacios, como herederos de los esquemas romanos-visigodos, se encontraban muy próximos y, así aparecen en las excavaciones de la Almoina, no así el Mercado.

La conquista por Jaime I de la ciudad de Valencia y, el “Repartiment” hecho por el rey en beneficio de las gentes que le acompañaban en la campaña y que pertenecían a todas las clases sociales, establece la ubicación de todas ellas en zonas determinadas.

Es en este momento cuando se configuran las parroquias en un total de 12 (las parroquias no sólo tenían un sentido religioso, también actuaban como unidad de delimitación de los sectores o distritos urbanos; de ahí su importancia) y dentro de ellas existen uno o varios templos.

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Este es el panorama del clero secular urbano de la Valencia del siglo XVIII

  • Parroquia de San Pedro (catedral)

  • Parroquia de Santa Catalina Mártir

  • Parroquia de San Miguel

  • Parroquia de Santa Cruz

  • Parroquia de San Bartolomé

  • Parroquia de San Nicolás

  • Parroquia de San Lorenzo

  • Parroquia de San Salvador

  • Parroquia de San Esteban

  • Parroquia de San Andrés

  • Parroquia de Santo Tomás

  • Parroquia de San Martín

  • Parroquia de San Joan del Mercat o de los Santos Juanes

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Las calles normales tenían un ancho de 4 metros y algunas, muy pocas, alcanzaban los 7 metros.

Existieron dos vías principales, llamadas “carrers majors” que fueron la de San Nicolás (que iba de este a oeste) y la de San Vicente (de norte a sur).

La Casa de la Ciudad (Ayuntamiento) fue edificada en ese “carrer major” entre 1.311 y 1.342 en el jardín que se encuentra actualmente entre el Palau de la Generalitat y la plaza de la Virgen.

Igual ocurrió con la Generalitat, que se situó a espaldas de y muy próxima a la Casa de la Ciudad.

La zona del Mercado, prácticamente desierta al principio, se fue ampliando y en ella aparecieron espacios abiertos encerrados por algunos edificios.

Entre esos espacios abiertos (plazas) hay que citar las “dels Alls”, “Calç”, “Canyes”, “Capsers”, “dels Blanquers”, “Ceba”, “Panses” o “Engonari”, “Lonja Vella”, “Mercat” y “Trench”.

Tomando como referencia el plano de Valencia del Padre Tosca, podemos situar las casas sobre las que se construyó las Lonja y en medio de ellas el ya citado “carrer dels Arrocers”.

Alrededor de esa manzana de casas existen varias plazas; una es la de “Engonari” (según cita Manuel Carboneres i Quiles en su “Nomenclator de todas las puertas, calles y plazas de Valencia, con los nombres que hoy tienen y los que han tenido desde el siglo XIV”, Valencia, 1.873) pequeño espacio entre la calle Tundidors, Estamenyería vella y Cenia.

La placeta de “Engonari” recibía su nombre de uno de los gigantes de piedra que estaban colocados en las esquinas de la Lonja vieja, según Orellana.

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Otra es la “Lonja vella”, actual plaza del Dr. Collado.

La tercera se llamaba “de les Panses” (actual Compañía) nombre que también recibió durante un tiempo la del Dr. Collado y que hacía referencia a la mercancía que allí se vendía: las pasas.

Otras plazas estaban un poco más alejadas, pero al igual que estas se encontraban relacionadas con la gran plaza, la del “Mercat”.

Debían su nombre a los talleres que en ellas se habían instalado o a las mercancías que se ofrecían.

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Todos los talleres u obradores como los puestos de venta de mercancías se encontraban en plena calle, igual que ocurría en la plaza del “Mercat”, donde en sus porches se realizan compras y ventas.

Habían vendedores, digamos oficiales, y revendedores; reiteradamente se limita la intervención de revendedores, permitiéndoles solo actuar a la puerta de su casa o en zonas marginales, y prohibiéndoles mediar en ciertas mercancías, como la caza (que se vendía en los porches del Mercado) y el pescado fresco o seco, en la “Peixcatería”.

En la plaza de la “Lonja vella” se encontraba el edificio llamado del Peso Real.

El primitivo espacio fue ampliado a base de comprar “alberchs” (especie de solares, posiblemente cubiertos) contiguos, siendo realizada la obra por el “pedrapiquer” Jaume Ferrer.

Este edificio (Peso Real), dedicado también a la venta del aceite (“Lonja del Oli”) todavía se conservaba en el siglo XVIII, y con ese nombre aparece en el plano del Padre Tosca.

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Queda por mencionar la plaza del “Mercat”.

Ese gran espacio de terreno hacia el cual convergían todos los espacios menores, y cuyo flujo e intensidad se ejerce en direcciones muy concretas, fue concedido a la ciudad por el rey Jaime I en 1.261.

Luego ese primitivo espacio se amplió cuando el nuevo muro de la ciudad englobó a los territorios situados fuera del antiguo.

En él podían encontrarse puntos de actividad diversa.

En la plaza del “Mercat” se encontraba el paraje conocido como “Les Estaques”, punto de venta de caballerías, situado delante de la iglesia de San Juan del Mercado; “la Fustería”, zona donde se situaron los talleres de “fusters” junto al Convento de la Merced; las Carnicerías, frente al “carrer dels Arrocers”, al lado del “Pes de la Palla” y “plaça del Carbó”; la “Forca”, lugar de ejecución de los condenados; el “Barreig”, punto de venta de toda clase de salazones; el convento de les “Madalenes”, en el solar que a esas religiosas concediera Jaime II, donde antes estuvo el convento de la Penitencia de Jesucristo o de la “Mitjagaltá”.

En el espacio llamado “Els Ramellets” se vendían toda clase de flores, mientras que en “El Clot” se comerciaba con aves.

Parece obvio dejar constancia de los distintos personajes que lo ocupaban, comerciantes, compradores, y gentes “baralloses” (maleantes) contra las que el Consell actúa contundéntemente; jóvenes descuideros, trabajadores, gente importante con escoltas; ciudadanos que acuden a los festejos que en la plaza se celebran: torosa, cañas, procesiones, ajusticiamientos, etc.

También hay que subrayar el que, pese a todas las Ordenanzas emanadas del Consell, la ciudad no estaba demasiado limpia; El Consell legisló contra aquellos que ensuciaban con basuras los solares de la Lonja y el propio edificio de cuyas zanjas sacaban diariamente animales muertos.

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Los espacios de la Lonja

La Lonja está constituida por tres cuerpos cúbicos cerrados:

  • Sala de Contratación.

  • Torre

  • Consolat del Mar.

Y uno abierto, el huerto (“hort”), encerrado entre los tres anteriores y los muros de la cerca (es necesario prescindir de las actuales construcciones auxiliares que, entre otras cosas, cegaron las ventanas enrejadas que abrían a la calle de la Lonja).

Los tres cuerpos cúbicos anteriormente citados son independientes entre sí, pues cada uno tiene su propia autonomía acorde con la función para la que fue destinado.

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Los espacios de la Lonja

La Sala de la Contratación

Exteriormente, es un espacio abarcable desde el Mercado, pero su auténtica identidad se resiente por la presencia del inventado remate de la Torre.

Sin embargo su auténtica realidad de cuerpo perfecto y su relación con las teorías sobre las figuras cúbicas, de las que hablará un siglo más tarde Juan de Herrera en su “Tratado sobre la figura cúbica”, nos la ofrece en la fachada de la calle de los Escalones de la Lonja.

Situados frente a la puerta Sur, o de los Evangelistas, nuestro ángulo de visión puede abarcar los límites de dicha superficie plana, aunque estorbe el escudo de ángulo que José Aixa mandó poner, que no marca el lugar de la piedra fundacional.

Es en esta calle donde la Lonja nos ofrece sus proporciones más puras, aún con la presencia de los ventanales.

La medida utilizada es el palmo valenciano (“pam”), equivalente a 23 centímetros.

La Sala es un rectángulo formado por 15 espacios iguales, 15 cuadrados con dos ejes: Oeste (Puerta de la Anunciación), Este (Puerta de la Redención), Norte (Puerta de los Vicios) y Sur (Puerta de los Evangelistas).

Configuran los 15 espacios una cruz de cuyo cuadrado central el “mundus” de la Lonja, parten radios que van a delimitar el cuadrado fundamental. Esos radios, en origen, estaban construidos por piezas de color morado.

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El espacio de la Sala tiene un sentido de “hortus conclusus” (El hortus conclusus es un tema pictórico de Arte cristiano en general, y en particular de la pintura. Se dio en el siglo XV. En él figuran la Virgen y el Niño sentados en un jardín cercado, paradisíaco, en plena floración) en el que las columnas sujetan un techo concebido como bóveda celeste; de ahí la pintura que ostentaba.

Existe en todo el edificio una relación constante con la numerología sagrada.

Si observamos el número de puertas veremos que hay seis que se contraponen al cinco, también presente y que representa lo humano.

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San Agustín atribuye a seis grandes cualidades por ser la suma de los tres primeros números, como el diez es la suma de los cuatro primeros; existiría una relación entre la Creación hecha en seis días y la Creación en sí representada por el Diez, la célebre Década, número simbólico del Universo.

En el exterior, hay que fijarse en la fachada que se abre a la calle de la Lonja.

Al ser de menores dimensiones, se abarca con la vista con mayor comodidad.

Es necesario resaltar en ella la armonía de su composición.

Para la fachada interior o Norte hay que verla en sus armónicas proporciones y sentirla en relación con dos elementos esenciales que ahora faltan: el huerto y la fuente.

El huerto tenía armónicamente distribuidos sus bancales entre “tarongers” y “murteres” (murta, planta).

No es necesario decir que no solo el color de las frutas y el olor de los mirtos y del azahar constituían un regalo para los sentidos, sino que se añadía el rumor constante de la fuente de varios caños, así como el sistema de alimentación de esta.

Solo así, con la arquitectura como telón de fondo, en la que campeaban los placeres del Amor, de la Bebida, de la Lujuria, de la normalidad, bajo los sones de instrumentos musicales que hacían sonar centauros, se entiende esa fachada en la que todos los sentidos se dan cita.

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Los espacios de la Lonja

La Torre

La Torre s un paralepípedo adosado a la Sala de Contratación con la que se comunica y tiene como principal función albergar la capilla privada del Consell.

Se presentó como un lugar cerrado (no se pensaba construir más) y con funciones muy concretas.

Cuando se abrió en ella una pequeña puerta, perforando su fuerte muro, para acceder a la Sala del Consolat del Mar, comenzó a perder su sentido original y hoy es un simple lugar de paso.

La segunda función de la Torre era la de servir (con su escalera correspondiente) de acceso a las dos plantas del “Consolat”, que era almacén y vivienda particular del alcalde de la Lonja y de la mujer encargada de la limpieza del inmueble.

Se accedía desde las plantas de la Torre al “Consolat” por medio de escaleras de madera, tal y como puede verse en la tercera planta del mismo.

La Torre remataba en terraza inclinada hacia el interior del huerto y al enrasar en su altura, casi con la de la Sala de la Contratación no se producía ese extraño desequilibrio con el que ahora nos aparece.

Por último no queda hablar del “Consolat”.

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Los espacios de la Lonja

El “Consolat”

Dejaremos a un lado, por el momento, el friso con los medallones y las almenas.

La altura de este cuerpo sobrepasa en muy poco la moldura donde nacen la serie de gárgolas de la Sala de la Contratación.

Si bien la Torre constituye con esta un conjunto unitario y temporalmente simultáneo (se construyeron ambas entre 1.482 y 1.498 en sus aspectos esenciales, no en sus funciones, como ya hemos comentado), el “Consolat” constituye un elemento en cierta manera extraño.

Produce la sensación de estar unido por la fuerza a los elementos contiguos, como lo demuestra el remate o adorno de ángulo de la torre que adornaba esta cuando aún no se había construido el pabellón.

Podemos comprobar que el monstruo que remataba ese ángulo deja escapar de su boca una fina moldura que recorría la cara Norte de la torre y quedó embebida en la obra nueva.

No hay que olvidar el papel que el pabellón del “Consolat” tuvo (como la propia Generalitat) de cada alcalde y por tanto debió ser considerada siempre por sus moradores “como un cuerpo de imágenes” que daban a sus moradores razones o ilusiones de estabilidad: Pere Compte fue nombrado alcalde perpetuo de la Lonja y vivía en el pabellón del “Consolat”.

Este último cuerpo se nos muestra como un agitado y, a la vez, sosegado remate, pues el gracioso impulso ascensional de los arcos conopiales se aquieta en la potente moldura de las gárgolas.

La decoración escultórica, fina y elegante como pocas, contribuye a aligerar la racional gravedad del remate renacentista de los medallones.

 

Fuentes consultadas:

Bibliografía

Sobre la bibliografía por la imposibilidad de incluir, tantos trabajos, compendios, tratados, tesis, estudios, etc., incluiremos tan solo, a modo de ejemplo, unos pocos  y siendo conscientes que existen otros muchos de indudable calidad y reconocimiento.

  • La Valencia desaparecida. Ángel Martínez y Andrés Giménez.

  • La Lonja. Salvador Aldana.

  • La Ciutat de València. Manuel Sanchis Guarner

  • Valencia antigua y moderna. Historia y descripción de las calles, plazas y edificios de Valencia. Marcos Antonio de Orellana Mocholí

  • La Lonja. Monumento vivo. José Huguet Chanzá

  • Arquitectos italianos en España

Fotografía

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By | 2019-01-09T10:01:20+00:00 enero 9th, 2019|#Edificios Civiles, #Edificios Singulares, Lonja|Comentarios desactivados en Lonja de la Seda Los Hombres y los espacios

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