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HISTORIA DE VALENCIA

El escudo de la ciudad de Valencia se encuentra presente en multitud de edificios, emblemas, documentos, pero ¿sabemos qué significa? ¿cual es su origen?….

Dentro del escudo de la ciudad de Valencia destacan la corona, las “L”, las ramas de laurel y el murciélago.

La corona se debe a que Valencia fue Reino desde su reconquista en 1238 hasta la promulgación de los Decretos de Nueva Planta en 1707 tras la Batalla de Almansa.

Las “L” representan el título de “Ciudad dos veces Leal” que le fue concedido a Valencia por Pedro el Ceremonioso en agradecimiento tras la defensa victoriosa de la ciudad de los ataques de las tropas castellanas en 1363 y 1364 durante la “Guerra de los dos Pedros” que enfrentó a Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. En esta guerra, Aragón pretendía anexionar los territorios de Murcia, en poder de Castilla y dominar el Mediterráneo, en poder de Castilla y sus aliados genoveses. La guerra se desencadenó por el ataque y hundimiento de dos naves genovesas por parte de los aragoneses y durante la misma fueron atacadas y ocupadas por Castilla importantes ciudades aragonesas como Teruel, Caudete, Alicante y Villena. Sin embargo Valencia sobrevivió a dos ataques y logró tal distinción.

Las ramas de laurel fueron concedidas por Fernando VII a la ciudad por la victoriosa defensa planteada al ejército imperial del mariscal Moncey en junio de 1808 (sobre la cual ya comentamos en su 200 aniversario).

Por último, la presencia del murciélago en el escudo viene de la leyenda que cuenta que durante la conquista de la ciudad de Valencia, las tropas del rey Jaume estaban acampadas en el arrabal de Russafa, fuera de la Valencia musulmana, cuando una noche se vieron sobresaltados por extraño ruido, por lo que extremaron la vigilancia y se dieron cuenta que el ejército moro estaba cerca del campamento preparando un ataque y así pudieron plantar batalla y repeler el ataque. Más tarde descubrirían que el ruido que les había alertado procedía de un murciélago que había anidado en el campamento.

 

 

Época prerromana

Recientemente se han encontrado restos arqueológicos de los siglos IV y III a.C. Estos restos son las referencias más antiguas de las que tenemos constancia y demuestran que ya antes de la fundación de la ciudad romana, en lo que hoy es la ciudad de Valencia y su huerta, ya existía actividad humana.

Los restos han aparecido en la zona de las calles Ruaya y Sagunto , lugar por donde posteriormente pasaría la Vía Augusta, de la que tenemos referencias, e incluso podemos observarla junto a la catedral de Valencia, en la Almoina. En las excavaciones se han encontrado restos que corresponden a una construcción hidráulica de planta rectangular, “quizás una balsa”, (según la concejal Alcón), que ha aparecido repleta de cerámicas íberas y púnicas. También se ha localizado un pozo que contenía ánforas que podrían proceder de Ibiza, de Cádiz o del norte de África, y una moneda cartaginesa de la época Bárquida.

Todo esto vendría a confirmar lo que los yacimientos iberos a lo largo y ancho de la geografía valenciana demuestran, (y que no es discutido por ninguna fuente), que en lo que hoy conocemos como Comunidad Valenciana, el grueso de los pobladores eran iberos, así como el paso de los cartagineses, y que seguramente existió comercio entre ambos.

Las últimas investigaciones demuestran que Valencia y su entorno, (hoy incluido dentro del entorno urbano), formaban parte de una ruta comercial de cerámica de lujo.

La zona de Valencia también fue ocupada por las tribu edetanas (Liria), que se extendió hacia el norte de la península.

 

Época Romana

En 138 a. C. fundación de la ciudad, como colonia romana, con el nombre de Valentia Edetanorum por la república romana, siendo cónsul romano Décimo Junio Bruto. El historiador latino Tito Livio transcribe en una de sus obras el acta fundacional del enclave:

Anno Urbis conditae DCXVI Junius Brutus cónsul in Hispania ist, sub Viriatho militaverunt, agros et loppidum dedit, quod vocatum est Valentia.

Valentia fue fundada por 2000 colonos sobre una de las terrazas del Turia. Es una ciudad clásicamente romana en todas sus concepciones. Es un lugar estratégico cerca del mar, una isla fluvial por donde pasaba la Vía Augusta, que comunicaba la actual Andalucia (Bética) y Roma. El núcleo principal estaba en el entorno de la actual Plaza de la Virgen y la catedral. Allí se encontraba el foro y el cruce de las dos calles principales (Cardo N-S y Decumano E-O), ambos ejes siguen hoy en el trazado de la ciudad y serían las actuales calles Salvador-Almoina la primera y Caballeros la segunda.

En 75 a. C. la ciudad es parcialmente destruida durante la guerra entre Pompeyo y Sertorio, quedando en pie únicamente un edificio en el actual entorno de la Catedral de Valencia dedicado a Asclepio, y que hacia las veces de sanatorio, este se encontraba como en Pompeya a la entrada de la ciudad. La destrucción ocasionada por la guerra llevó a que la ciudad quedara abandonada durante 50 años al menos.[4]

La ciudad es reconstruida a finales del Principado de Augusto, si bien tardaría unos años en empezar un largo periodo de desarrollo caracterizado por el crecimiento urbano, entrada ya la época de “los Flavios“, gracias a la inmigración de nuevos ciudadanos que vinieron a sumarse a los de la época de Augusto (este dato está ampliamente demostrado, Valentini veterani et veteres), y como no, a la construcción de grandes edificios públicos como el foro y el circo .

Las excavaciones de la Almoina han sacado a la luz parte de foro, la curia, el ángulo sudeste de la basílica, un macellum (mercado de alimentos) y un ninfeo. En otros lugares se han encontrado casas ricamente ornadas con mosaicos y murales.

Así mismo se realizan importantes infraestructuras como la construcción de un puerto fluvial junto a las actuales Torres de Serranos, el acueducto, distintas obras de distribución de agua, posibles santuarios periurbanos y varias necrópolis que circundaban las vías. En la actual zona de la calle del Mar, se han encontrado restos del circo, un grandioso edificio de 350 x 70 m.

La ciudad de Valentia tiene durante este siglo características propias de las urbes imperiales. Siendo una ciudad profundamente romanizada y con una importancia que poco a poco va saliendo a la luz. Así por ejemplo, disponía de edificaciones singulares, como un circo con capacidad para 10.000 personas y de unas dimensiones alcanzadas solamente por otros 5 circos en toda Hispania.[5]

Del mismo modo que en el resto del Imperio, Valentia atraviesa una etapa de crisis, la ciudad es destruida entre el 260 y el 270, y reconstruida rápidamente pero con un perímetro inferior, se abandonan algunas de sus infraestructuras.

Durante este siglo la ciudad mantuvo su categoría, mientras veía como otras urbes próximas, Edeta y Saguntum (Liria y Sagunto), entraban en una profunda decadencia.

Se conforma en la ciudad la primera comunidad cristiana de la que se tiene constancia en torno a la memoria de San Vicente, que es martirizado en la ciudad en el año 304 (y se levanta un templo sobre la tumba con sus restos, conocido como la iglesia de San Vicente de la Roqueta).

El poeta latino Rufo Festo Avieno escribe su obra “Oda maritima”, en la que cita una supuesta ciudad íbera pre-romana en la desembocadura del Turia llamada Tyris, lo que dará lugar a que popularmente se identifique al río como a la antigua urbe.

“…Y no lejos de la separación de este río, el río Tirio rodea la ciudadela de Tiris…”

Ora Maritima de Avieno

Las invasiones germánicas y el reino visigodo

La iglesia asume las riendas de la ciudad transformando los templos romanos en edificios de culto cristianos aprovechando el vacío de poder dejado por el imperio y coincidiendo con las primeras oleadas de pueblos germánicos, principalmente suevos, vándalos y alanos. Posteriormente, visigodos.

Se especula con la posibilidad de que en la ciudad se celebrara en el año 546 un congreso religioso, dato inseguro como el de que el rey Leovigildo desterrara en la ciudad a su hijo, el príncipe Hermenegildo. Valentia experimenta cierta recuperación debida a la instalación en ella de militares visigodos durante la invasión bizantina del sudeste peninsular (Provincia de Spania) en el año 554. Se fortifica el antiguo circo romano.

Tras la expulsión de los bizantinos en el 625, se inicia una nueva etapa de depresión en la ciudad de la que apenas existe documentación.

  • Próximos a la invasión musulmana, vivían en la península unos 5.000.000 de personas, de ellos, 200.000 eran visigodos y 100.000 suevos, los judíos eran también una cantidad importante, pero la inmensa mayoría eran Hispano romanos, (la misma proporción con pequeñas variaciones podríamos aplicarla a Valencia). Los visigodos formaban la clase dirigente y se los conocía con el nombre de “gothi“, “suevi” a los suevos, “romani” a los hispano romanos normales, y si eran ricos “senatores“. Los hispano romanos, por muy ricos y poderosos que fueran, tenían vetado el acceso a cargos políticos. Los siervos y esclavos formaban el grueso de la población. La Iglesia tenía en esa época mucha fuerza y era muy relevante, los pueblos germánicos ya habían aceptado el cristianismo en los siglos previos a la conquista musulmana.

 

Época musulmana

En el 711 se inicia la llegada de mulsumanes, aunque no existe una verdadera conquista bélica, ya que tras unas escaramuzas la ciudad pacta una capitulación ventajosa, y los nuevos pobladores se integran con los habitantes de la ciudad, creándose un cierto aire de ciudad-estado con independencia.

Estaba Valencia gobernada por Agrescio cuando fue sitiada por las huestes musulmanas. Los islámicos, viendo la resistencia de la ciudad y que no sería fácil conquistarla, envían un emisario para negociar, pero la respuesta fue una flecha lanzada desde la muralla por los defensores, que hirió al parlamentario, algo que estaba muy mal visto en todas las épocas y que enfureció a los sitiadores. Acto seguido, los asaltantes lanzaron un ataque con más furia que en las anteriores ocasiones, pero fueron nuevamente rechazados; el saldo de la escaramuza fue de 80 bajas entre los defensores y 250 entre los musulmanes. Tanto Agrescio el defensor, como Tariq el asaltante, fueron conscientes de lo compleja que era la situación y pactaron una capitulación ventajosa, obteniendo, como sucedería 500 años después pero a la inversa, la entrega de la ciudad al musulmán, y que todos los habitantes pudieran seguir viviendo en sus casas, el respeto para su religión y su organización jurídica y administrativa. Si bien tendrían que aceptar la autoridad política y militar de los conquistadores y el pago del impuesto pactado. Además, los que quisieron fueron libres de marchar con sus pertenencias.

Cabe destacar que como sucedió luego en la Reconquista, los musulmanes fueron benignos con los que se entregaron, como en Valencia y Orihuela, pero en las ciudades que se resistieron, como Mérida o Tarragona, los habitantes sufrieron duras consecuencias. Por tanto, podemos destacar de estos datos, que la población hispano romana y los visigodos siguieron viviendo y disfrutando de sus costumbres, posesiones y religión. No hay datos que acrediten más resistencia que la citada, por tanto y según fuentes musulmanas y cristianas, así como la pervivencia de abundantes residentes mozarabes, todo parece indicar que tras la conquista, ambas poblaciones, la mayoritaria cristiana y la minoritaria musulmana (en un principio), que ocupó la élite política y militar, convivieron sin mayores problemas. Los conquistadores centralizaron el poder en Córdoba.

Tariq dejó al marchar una guarnición y a Abulcacer al Hudzali de gobernador. Según algunas fuentes en el 715, Hudzali se reveló y tras ser derrotado fue ajusticiado por Abd al Aziz. Entre los años 760 y 766 intentaron los depuestos abbasíes recuperar el poder desde Valencia, pero el mismo Abd ar-Raman(primer emir de Córdoba), vinopara restablecer el orden y reprimir la revuelta. Fue tan dura la represión que según cuenta al-Udrí “la ciudad quedó desierta”.

Tras la llegada musulmana en el 711, aportaron su lengua, religión y costumbres. Conviviendo con la de los habitantes originarios.

Con la llegada de los amiríes (descendientes de Almanzor) se crea el Reino Taifa de Balansiya. A través de Abd al-Allah se ejercita un gobierno autónomo sobre el área de Valencia y construye un palacete ajardinado en las afueras de la ciudad, denominándolo la Russafa, jardines de la antigua Persia, (siendo el origen del actual barrio del mismo nombre). Éste aporta su lengua, religión y costumbres, que conviven con la de los habitantes originarios. Éstos, los mozárabes, eran herederos de la cultura hispanovisigoda y tenían como religión el cristianismo y como lengua el mozárabe.

Es la época de máximo esplendor de la ciudad. Se crean sistemas de riego, cultivos y aumenta el comercio con la España cristiana. Se cambia la lengua, la religión y las costumbres de los musulmanes adoptando el Islam. Se instala un perímetro de huerta en el actual barrio del Carmen y se transforma la antigua área episcopal visigoda para convertirla en un zoco (mercado árabe) vinculado a la residencia del gobernador.

En el 1011 Mubarak y Muzaffar iniciaron reformas y mejoras urbanísticas de la ciudad, este hecho contribuyó al aumento de la presión fiscal, lo que posteriormente provocó una revuelta popular, acabando así su mandato. En el año 1021, fue nombrado Abd al-Aziz ben Abí Amir (nieto de Almanzor) y tenía 15 años. Durante los 40 años de su gobierno se vivió una de las épocas más tranquilas y prósperas. Creando grandes obras de ingeniería, así como creando la fortificación de la ciudad.

En el año 1088 una riada de las que tenía por costumbre el Guadalaviar (Turia), causo grandes pérdidas en la zona, arrasó los dos puentes que había en la ciudad y alguna de las torres que los defendían.

 

El Cid

Entre 1087 y 1089 gobernada Valencia por el rey al-Qádir, es atacada por Al-Mundir de Lérida y el conde de Barcelona Ramón Berenguer II. Entre 1087 y 1089 gobernada Valencia por el rey al-Qádir, es atacada por Al-Mundir de Lérida y el conde de Barcelona Ramón Berenguer II. Tras la derrota castellana de Sagrajas, Alvar Fáñez y los soldados que le acompañaban prestando servicio en apoyo del rey de la taifa de Valencia, tuvieron que acudir junto a Alfonso VI por requerimiento de éste y, abandonaron la ciudad, (si bien esto es discutido y otras fuentes afirman que participó en la batalla). Al partir los castellanos de Valencia y quedar Al-Qádir sin apoyo, Al Mundir, señor de Lérida y Tortosa acudió a asediar la ciudad. El rey taifa Al-Musta’in II de Zaragoza, acompañado por el Cid y su hueste, acudió a levantar el sitio de la ciudad, pues el zaragozano tenía derechos sobre la ciudad por ser nieto del antiguo soberano de Valencia Al-Muqtadir y El Cid no quería destronar a Al-Qádir, protegido del rey de Castilla, quizá para no entrar en conflicto con el rey de León Alfonso VI.

La propuesta consistía en conquistar la ciudad que quedaría bajo soberanía del zaragozano y el Cid se quedaría con el botín. Esto no fue aceptado por el Campeador y el rey de Zaragoza se retiró, aliándose con Ramón Berenguer para que el barcelonés tomara la ciudad, mientras él permanecería en un segundo plano. El conde de Barcelona puso sitio a Valencia, donde acudió el Cid, y tras negociar, el conde se retiró. Rodrigo se declaró protector del rey de Valencia, si bien organizó campañas en beneficio propio, se asentó en Elche y desde allí consiguió que le pagaran tributo en la zona comprendida entre Játiva y Orihuela, en el año 1088.

El rey de León y Castilla, que se había aliado con genoveses y pisanos, puso asedio a la ciudad en el año 1092, pero tuvo que retirarse cuando el Cid Campeador inició una campaña por tierras castellanas. El 28 de octubre de 1092 algunos notables para evitar que el rey de Valencia entregara la plaza a Alfonso, pidieron ayuda a los Almorávides que ya se encontraban en la próxima Játiva. Pero en esas fechas el descontento era tal que se originó un motín, los colaboradores del rey y la guarnición que había dejado el Cid para cobrar los impuestos huyeron de la ciudad y, el pueblo asaltó el alcázar. El monarca consiguió huir disfrazado pero lo encontraron, fue degollado, y su cabeza paseada por la ciudad. Los nuevos gobernantes de la ciudad rechazaron la protección de Rodrigo y decidieron acatar el poder del almorávide Yússuf.

El Cid ya había ocupado el Puig a mediados de 1093 y desde allí preparó el asedio de la ciudad. Se instaló por los alrededores de Mestalla y bloqueó la ciudad, arrasó la huerta, destruyó las acequias, molinos, y algunos arrabales, en los que dejó guarnición. Se sucedieron los ataques por la zona del Tossal, donde aún hoy se pueden observar restos arqueológicos del foso-acequia y el muro, los sitiados salían por la puerta de Roteros y entablaban batalla. El Arrabal del mismo nombre cayó en sus manos y donde también estableció guarnición. Algunos cristianos del interior salieron a vivir a los arrabales. En septiembre del año 1093, cambió de campamento y se instaló en la Roqueta. El cerco se estrechó y la situación de la ciudad fue calamitosa, según las crónicas fue uno de los asedios más duros de la historia de Castilla. Después de comerse a todos los animales de la ciudad, los habitantes pasaron al canibalismo. Comieron cueros cocidos y cualquier cosa que pudiera llevarse a la boca. Apareció la peste. Los que salían de la ciudad sufrían distintas suertes, los jóvenes eran vendidos a los comerciantes que esperaban en los campamentos de Mio Cid como esclavos, las mujeres violadas y vendidas y los hombres quemados vivos frente a las murallas.

Se firmaron las capitulaciones y el Cid Campeador permitió quedarse a vivir a los moros que quisieran pagando un diezmo, el resto tendría libertad de marchar con sus pertenencias. El 17 de junio del año 1094, entraron las primeras tropas. Tomó posesión del alcázar, se instaló con sus hombres y se tituló «príncipe de Valencia». Mandó llamar a su mujer e hijas y las instaló en la ciudad.

El Cid murió en Valencia el 10 de julio de 1099. Doña Jimena consiguió defender la ciudad con la ayuda de su yerno Ramón Berenguer III de Barcelona hasta el año 1102.

 

La batalla de Cuart

Se conoce con este nombre a la batalla que se desarrolló el 21 de octubre del 1094 entre los pueblos de Mislata y Cuart de Poblet, próximos a la ciudad.

Rodrigo Díaz, sitiado en Valencia, salió de la ciudad y derrotó a los almorávides. Algunos miembros del ejército del Cid (formado tanto por cristianos como por musulmanes hispanoárabes) avanzaron por la noche situándose a la retaguardia del campamento mahometano. Al clarear el alba salió un pequeño contingente de caballeros de Rodrigo incitando a la vanguardia norteafricana. Esto supuso una maniobra de atracción que debilitó la formación almorávide y permitió que el contingente principal del Campeador atacara la retaguardia y tomara el Real enemigo, consiguiendo la victoria.

Mio Cid murió en Valencia el 10 de julio de 1099. Doña Jimena consiguió defender la ciudad con la ayuda de su yerno Ramón Berenguer III de Barcelona, hasta el año 1102, en el que el rey Alfonso VI de Castilla ordenó la evacuación de la ciudad y Valencia cayó en poder de los almorávides.

En el año 1101, en el que el rey Alfonso VI de Castilla ordenó la evacuación de la ciudad y Valencia cayó en poder de los almorávides. Zayd Abu Zayd, llamado también Abú Zayd último gobernador almohade de Valencia. Gozando de total autonomía respecto al imperio almohade llegó a titularse Rey de Valencia.

En esta época data del Corán, siendo esta copia hermana de otras seis en donde se detecta un estilo propio valenciano, no obstante la mayoría de la escritura fue posteriormente destruida por la inquisición. Esta copia nos demuestra que existía en la ciudad una escuela de traductores y copistas.

Zayán Ibn Mardanix también conocido como “Zahén” o Çaèn, fue el último rey musulmán de Valencia tras haber desalojado del cargo de gobernador al almohade Zayd Abu Zayd en 1229, llegando a un acuerdo de vasallaje con el rey Jaime I de Aragón, lo cual le facilitó la conquista del reino de Valencia.

La Ciudad de Valencia en la Corona de Aragón (ss. XIII–XVIII)

La Reconquista

Conquista de Valencia por Jaime I de Aragón en 1238. Se crea una nueva ley para el Reino, los fueros, els Furs que años después se hicieron extensivos al resto del Reino de Valencia y se realiza el repartimiento de las tierras como queda testimoniado en el Llibre del Repartiment.

Según los datos sobre la capitulación de la ciudad, tenía el Reino de Valencia una población compuesta por 120.000 musulmanes, 65.000 cristianos y 2.000 judíos y gracias a la capitulación y los pactos que a ella llevaron, la población valenciana pudo mayoritariamente seguir en sus tierras.

Así según el historiador árabe Hussein Mones de la Universidad de El Cairo estas fueron las palabras que el rey Zayan dijo a Jaime I en la entrega de las llaves de la ciudad:

“En la ciudad de Valencia conviven musulmanes, gente noble de mi pueblo, junto a cristianos y judíos. Espero que sepa gobernarlos para que continúen viviendo en la misma armonía y para que trabajen esta noble tierra conjuntamente. Aquí, durante mi reinado, salían procesiones de Semana Santa y los cristianos profesaban su religión con toda libertad, ya que nuestro Corán reconoce a Cristo y a la Virgen. Espero que usted conceda el mismo trato a los musulmanes de Valencia.”

1348 La peste negra y sucesivas epidemias diezman la población de la ciudad mientras estalla una revuelta ciudadana contra los excesos del rey, la guerra de la Unión.

En 1363 y 1364 la ciudad repele por dos veces el asalto de las tropas castellanas. Como premio, el Rey Pedro el Ceremonioso concede a la ciudad el título de “dos veces leal” que queda representado por las dos L que ostenta el escudo de la ciudad.

Si bien la convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes que compartían la ciudad había sido conflictiva durante toda la edad media, no fue hasta 1391 cuando los cristianos asaltan el barrio judío, instalado en la actual calle del Mar, haciéndolos convertirse al cristianismo, aunque seguían practicando su religión en secreto y hasta 1456 cuando asaltan la morería, instalada junto al actual mercado de Mosen Sorell.

Tras la muerte sin descendientes de Martín el Humano se produce un conflicto dinástico entre las familias Centelles y Vilaragut que desemboca en el Compromiso de Caspe y la entronización de la familia Trastamara por la Corona de Aragón.

El renacimiento valenciano

Este es el siglo de mayor expansión y crecimiento de la cultura valenciana, también se le denomina El Siglo de Oro Valenciano. Viene acompañado de un crecimiento demográfico que situaría a Valencia como la ciudad más poblada de la Corona de Aragón, con 75.000 habitantes a final de siglo, y tercera de España, tras Sevilla y Granada.

El rey Alfonso el Magnánimo viaja a Valencia para casarse allí con María de Castilla (14011458) a la que nombrará gobernadora de la ciudad, hija de Enrique III de Castilla y hermana de Juan II de Castilla. El matrimonio se celebró en la catedral de Valencia el 12 de junio de 1415.

Se construyen algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad como las Torres de Serranos, La Lonja 1482, el Micalet (campanario de la Catedral de Valencia).

Se reactiva el comercio urbano a través de la creación de la Taula de canvis, una banca municipal de apoyo de las operaciones comerciales. Se erige la Lonja de la Seda y de los Mercaderes que se convierte en uno de los mercados más importantes del Mediterráneo al que acuden mercaderes de toda Europa principalmente por la venta de tejidos de seda.

Se imprime en Valencia Obres o trobes en lahors de la verge Maria el primer libro impreso en España, en valenciano, y se produce un gran auge de las obras escritas. En pintura y escultura aparecen artistas como Damián Forment, Lluís Dalmau o Gronçal Peris. En literatura florece la producción escrita de la mano de los autores Joanot Martorell, Ausiàs March, Joan Roís de Corella o Isabel de Villena.

El mantenimiento de la política mediterránea y el apoyo económico prestado por los banqueros valencianos a la corona, en el descubrimiento de América, crea un problema de descapitalización y una tendencia en las clases acomodadas a vivir de rentas, dando como consecuencia un aumento de precios y un decaimiento del comercio, lo que degenera, aunque sin éxito, en una sublevación de los gremios (Germanías).

En 1502 se funda la Universidad de Valencia bajo el nombre de Estudi General.

Embarco moriscos en el Grau de Valencia.

En 1609 se promulgó el decreto de expulsión, la expulsión de los moriscos y judíos, y el cada vez más preponderante poder de la nobleza, provoca la ruina del país y la bancarrota de la Taula de Canvis en 1613.

Durante la llamada Sublevación de Cataluña (1640-1652), Valencia colabora a petición de Felipe IV en su causa con milicias y dinero, lo que provocará un período de escasez económica local, sumándose a esto también al temporal alojamiento en la ciudad de tropas de otras zonas.

Perdida de los fueros y nueva organización territorial

Guerra de Sucesión

Felipe V.

La Guerra de la Sucesión marca como en toda España el siglo XVII. Durante la Guerra de Sucesión española Valencia fue ocupada por el bando austracista del Archiduque Carlos de Austria primeramente, y luego definitivamente por los ejércitos borbónicos. A principios del siglo XVIII, durante la Guerra de Sucesión Española (borbones contra austracistas), el Reino de Valencia se alineó con el Archiduque Carlos de Austria. Después de la victoria borbónica en la batalla de Almansa, 25 de abril de 1707, y como castigo, los fueros de Valencia fueron derogados , y se introdujo el fuero castellano como ley básica mediante los Decretos de Nueva Planta, promulgados por Felipe V.

 

Pinceladas austracistas

Los austracistas retuvieron la ciudad durante 16 meses y derrotaron varios intentos de echarlos. Después de la victoria borbónica en la batalla de Almansa, 25 de abril de 1707, el ejército inglés abandonó la comarca y la ciudad de Valencia y dejándola a su suerte. Joan Batista Basset fue el líder del ejército austracista, él consiguió incitar al pueblo para que les apoyaran ofreciendo quitas de impuestos y distintas ventajas, todo ello, luego, fue ignorado por el Austria, y Basset terminó en la cárcel.

 

El mito de la participación en la guerra

Por otro lado y, pese al mito difundido por algunas fuentes, el Reino de Valencia y en nuestro caso la ciudad, no entró en guerra por ninguno de los contendientes. Así vemos valencianos integrados en ambos bandos, pero el grueso del ejército, las milicias y los gremios, no fueron llamados a filas, prueba de ello es el abundante material encontrado en la Cuidadela de Valencia, al entrar las tropas del rey Felipe V.

Pruebas de ello las encontramos en textos de la época, donde se da cuenta de la expulsión de maleantes llegados del frente en los días posteriores a la batalla, por parte de los gremios, la base de los ejércitos valencianos.

Ciudadela de la ciudad e Valencia vista desde la Alameda, antes de su demolición en el siglo XIX.).

El religioso Jose Manuel Miñana en “De bello rustico valentino”, nos cuenta lo sucedido: “los ladrones catalanes y los soldados del ejercito disperso se habian refugiado en la ciudad (de Valencia), mezclados con la multitud, excitaban a los plebeyos en la sangre y el saqueo (… ) los gremios, para evitar el tumulto, ponen en seguida en ellas guardias, armados, de confianza en todas las calles, y reuniendo sin demora aquella hez de catalanes, que eran los que ixcitaban al pueblo, los arrojaron de la ciudad, cerraron las puertas y pusieron guardias; libre la ciudad de esa podredumbre…”

O de parte de armas encontrado en la Ciudadela de Valencia

“Cuando en 1707 se posesionó de la Ciudadela Felipe V, se hallaron 26 cañones de bronce, con picas, arcabuces y mosquetes suficientes para armas a diez mil hombres, mandando el rey que en la parte recayente a la ciudad, tal como reproduce el grabado de Tomás López Enguídanos, de 1809, se construyese un bastión que hacía esquina al huerto de Predicadores con su foso y torreón y una gran flor de lis por remate para su conveniente defensa y seguridad, destinándolo para ciudadela.”

Los saqueos se constataron en ambos bandos

Tras la victoria de las tropas de Felipe V, como castigo tomaron represalias contra la población, saqueando ciudades y poblaciones del Reino de Valencia, eliminando todos sus privilegios o fueros. Exactamente igual que antes habían hecho los austracistas en otras poblaciones como Morella, Sagunto, Finestrat, Segorbe, etc., que no les apoyaron, si bien Valencia, donde el ejército austracista encontró las puertas abiertas y entró sin oposición, no sufrió como otros pueblos.

Capital de un Reino sin fueros

Los Decretos de Nueva Planta supusieron la pérdida de privilegios y leyes, al igual que el Reino de Aragón, si bien Aragón los recuperaró en parte más adelante.

“Considerando haber perdido los Reinos de Aragón y Valencia, y todos sus habitadores, por la rebelión que cometieron, faltando enteramente al juramento de fidelidad que me hicieron como su lejitimo rey y Señor, todos los fueros, privilegios, exempciones y libertades que gozaban”. Pero el decreto continua diciendo: “He juzgado por combeniente así por esto, como por mi deseo de reducir todos mis Reinos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y tribunales, gobernándose igualmente todos por las mismas leyes de Castilla

 

Guerra de la Independencia española

Valencia fue una de las últimas ciudades de España que controló el ejército francés, después del levantamiento popular de mayo, en Valencia cuando llegaron las noticias de lo sucedido en Madrid, la indignación popular fue en aumento y la chispa que desató la insurrección fue la famosa declaración de Vicent DoménechEl Palleter” declarando la guerra a Napoleón.

Poco después del 2 de mayo llegaron las noticias a València con la gaceta. Las noticias de lo sucedido en Madrid llenan de indignación a los valencianos y pese a que las autoridades intentar someterse a Bonaparte, el pueblo lidera los acontecimientos forzando el 25 de mayo a la Junta Suprema de Gobierno del Reino de Valencia, a reclutar tropas y declarar la guerra. Destaca la figura del Palleter, Vicent Domenech, quien el 23 de mayo, en la Plaza de les Panses, entre la Lonja y la Compañía, rasga su faja roja, pone el jirón en el extremo de una caña con una estampa de la Virgen de los Desamparados en un lado y de Fernando VII en la otra y, lanza su grito famoso: “Un pobre palleter li declara guerra a Napoleó. ¡Visca Fernando sèptim i muiguen els traïdors!.

El 29 de mayo se creó, por la Junta de Gobierno de Valencia, el Regimiento de la Reina 2º, integrado por 3.732 personas, y que se denominaba “Cazadores voluntarios de Valencia” o “Cazadores de Caro”, porque su primer coronel fue el General Caro, quien hizo Generala de los ejércitos del Reino a la Virgen de los Desamparados. Este regimiento se mantuvo hasta 1855, pasando a ser un regimiento de línea con el nombre de la Reina.

Durante el mes de junio Moncey venía desde Madrid, en el camino derrotó a las tropas valencianas que le salieron al paso en Contreras, Buñol donde se ensañó con la población, especialmente con el párroco y, arrasó con animales y víveres, días después alcanzó San Onofre en las proximidades de Valencia, derrotando a los restos del ejército que quedaba. Moncey estableció su campamento en el camino de Quart de Poblet, y llevó sus tropas ante las puertas de Quart, estableciéndose en los entornos del antiguo Convento del Socorro, donde hoy se encuentra la Parroquia de San Miguel y San Sebastián desde donde exigió la rendición de Valencia. El Duque de la Conquista pretendía capitular ante la falta de fuerzas militares, pero el pueblo entró en la Casa de la Ciudad al grito de: “El pueblo prefiere la muerte en su defensa”. Durante el día y la noche se cerraron y reforzaron con maderos las puertas que se consideraban más vulnerables, Russafa, Portal Nou, Serrans y Trinitat, también se cubrió con batería y foso la puerta de Sant Vicent. La de Quart fue objeto de más detalle, porque enfilaba el camino por donde Moncey avanzaba: se abrió una gran foso y una tronera con su cañón dirigido al camino de acceso a las Torres en la puerta de madera. Según algunas fuentes unos veinte mil valencianos se aprestaron a la defensa, ayudados por los marineros del Grao, y el Regimiento de Cazadores desplegado a la otra parte del río, por la huerta de Campanar. A las ocho de la mañana del 28 comenzó la batalla del primer Sitio de Valencia, duró todo el día.

A las doce Moncey reiteró su petición de rendición, ordenando avanzar a dos columnas francesas hacia la puerta, pero se vieron detenidas por el foso abierto y sorprendidas entre dos fuegos. El Teniente Rafael Maroto, defendió la ciudad con las baterías de santa Catalina y de Torres de Quart, que tenía a su cargo, destacar la acción del pueblo valenciano que liderado por una personaje anónimo apodado “el torero” y con un cañón de grueso calibre, fue capaz de rechazar al ejército francés disparando desde la puerta de Quart. Obligó a retirarse al enemigo en una hazaña bélica, por lo que fue reconocido posteriormente como benemérito a la patria y se le concedió un escudo de honor. Dos horas después los franceses seguían sin alcanzar la puerta y las bajas ya eran innumerables, la artillería disparó a las Torres, causando algunos desperfectos que aún hoy son observables. Moncey se retiró a una alquería próxima pero el fuego de artillería de la muralla les alcanzó y uno de sus ayudantes perdió una pierna de un cañonazo, forzando su retirada a más distancia. Por la noche los valencianos inundaron la huerta impidiendo la movilidad a las tropas francesas y Moncey, con unas dos mil bajas, ordenó la retirada a Madrid. El Conde de Toreno calificaba la defensa de maravillosa, “porque nunca antes el pueblo civil había derrotado, hasta el ridículo, a un ejército profesional.”

Valencia resistió hasta la conquista por el mariscal Suchet el 8 de enero de 1812. Mientras, suministró armas, víveres y hombres a las tropas españolas, llegando el ejército valenciano hasta Madrid, y Zaragoza, donde en el sitio de la ciudad pereció en su mayoría, teniéndose que reclutar nuevas fuerzas. En París siguen los estandartes conquistados por el francés en Zaragoza. La capitulación ante Moncey llegó tras un duro asedio, en el cual las tropas españolas destruyeron el Palacio real de Valencia (para impedir que lo tomara el francés), junto a la pérdida de otras plazas fuertes como Sagunto. Un cronista relata la situación dentro del “cap i casal”:

“El pueblo -de Valencia- se halla sin víveres, sin gobierno, con tres días de bombardeo (….) Todo es desorden: el soldado vende el fusil y las prendas del vestuario; el de caballería y artillería vende su caballo y monturas (…). La escasez y la miseria producen ya todos sus espantosos efectos. la hediondez de perros, mulas, caballos y gatos muertos incomoda mucho; pero lo que es más doloroso es la vista de algunos cadáveres infelices pobrecitos de ambos sexos tendidos en las calles (…) No se ve otro remedio a tanta calamidad más que la capitulación”.

Tras la capitulación, los franceses impulsaron algunas reformas en Valencia, y la situación tras las lógicas cazas de brujas, fue llevadera en los meses que permaneció bajo control francés, llegando a ser capital de España cuando José I, trasladó aquí la Corte José I, en el verano de 1812. Con la retirada de los franceses, el general Elío en Valencia, organizó una revuelta militar que sirvió para reponer en el trono de España a Fernando VII “el Deseado”, e iniciar el Sexenio Absolutista (1814-1820).

 

La Restauración

Plano de Valencia y sus alrededores sobre 1845. Aparecen como municipios independientes muchos de los que se anexionarían al municipio de Valencia a partir de la década de 1870.

En los años siguientes y como consecuencia de la legislación sostenida por la Constitución española de 1812, que ordenaba la formación de ayuntamientos en todas aquellas poblaciones que rebasaran el mínimo de vecinos estipulado por la ley, numerosas pedanías próximas al núcleo urbano de la ciudad de Valencia en situación legal confusa se constituyen en municipios (Ruzafa, el Grao, etc).

Entre 1850 y 1851 es alcalde de la ciudad Vicente Rodríguez de la Encina y Falcó de Belaochaga, director de la Casa de Beneficencia municipal, promotor del Banco de Valencia y director de la Sociedad Valenciana de Aguas Potables (fundada en 1846). En 1850 se termina la instalación de la red de agua potable.

Durante el reinado de Isabel II se instituye el Ducado de Valencia, asociado a un título nobiliario y sin mucha repercusión administrativa.

En 1860 el municipio cuenta con 140.416 habitantes. En 1858 los arquitectos Sebastián Monleón Estellés, Antonino Sancho y Timoteo Calvo diseñan el Proyecto General del Ensanche de la Ciudad de Valencia, que prevé el derribo de las murallas para permitir la expansión de la ciudad (se reproduce una segunda versión en 1868). Ambos proyectos no obtienen la aprobación definitiva pero sirven como base para el crecimiento de la ciudad. A partir de 1866 se derriban gran parte de las antiguas murallas árabes de la ciudad a fin de facilitar la expansión urbana de la misma.

Durante la Revolución Cantonal de 1873, se articula en el Cantón Federal de Valencia (proclamado el 19 de julio y disuelto el 7 de agosto), al que se adhieren la mayoría de los municipios de las comarcas próximas.

El Ateneo Mercantil nace en el año 1879 para atender las necesidades culturales y de formación de los empleados del comercio. En 1877 la ciudad alcanza la cifra de 145.782 habitantes. En 1882 empieza la distribución de luz eléctrica en algunas zonas de la ciudad, que posteriormente se irá generalizando, y en 1884 los arquitectos municipales José Calvo Tomás, Luis Ferreres Soler y Joaquín María Arnau Miramón diseñan un nuevo Plan General de Valencia y Proyecto de Ensanche, para el cual utilizan como base los planes anteriores. En este nuevo plan de ensanche se configuran las dos Grandes Vías que circundan la ciudad, la Gran Vía Marqués del Turia y la Gran Vía Fernando el Católico. En 1887 el municipio llega a los 192.437 habitantes.

Entre 1870 y 1900 el municipio de Valencia empieza a anexionarse numerosos municipios inmediatos de su entorno, los más importantes serán el Ayuntamiento de Poble Nou de la Mar en 1897 (actuales Barrios Marítimos) y los municipios de Patraix, Orriols, Benicalap, Ruzafa, Benimaclet, Campanar, a los que se sumarán otros 15 núcleos urbanos de menor entidad. Como resultado de este gran crecimiento territorial y urbano y de la política de absorción de los municipios más cercanos, el municipio de Valencia llega a duplicar su población a final de siglo.

El Banco de Valencia se crea en 1900.

Durante este siglo se triplicó la población de la ciudad, pasando de 213.550 en 1901 a 233.348 en 1910, 320.195 en 1930 y llegando a 739.014 en 2000 y se convertiría en el centro de un área metropolitana de más de 1,5 millones, tercer área demográfica, industrial y económica de España.

En 1907, Francisco Mora Berenguer presenta su proyecto de ampliación del ensanche de Valencia hasta el perímetro de los Caminos de Tránsitos. Se traza el eje que constituye el Paseo de Valencia al Mar. Este plan se aprueba en 1912. Se construye el mercado central y el de Colón, y en 1921 se terminan las obras de la estación de ferrocarril, denominada estación del Norte.

El 20 de julio de 1917 el sector de lo ferroviarios de la CNT inicia una Huelga desde Valencia que se extiende rápidamente a otras ciudades, dando lugar a distintos enfrentamientos.

La época moderna (Siglo XX)

Segunda República Española

El censo de 1930 arroja una cifra por entonces de 320.195 habitantes.

Guerra Civil y Revolución

El 20 de julio de 1936 durante el conflicto de la guerra civil, se convierte en el centro administrativo del Comité Ejecutivo Popular de Valencia, surgido espontáneamente en el contexto de la Revolución Española de 1936, una forma de gobierno regional integrado por las fuerzas de la coalición de partidos Frente Popular y los sindicatos CNT y UGT. El 23 de julio del mismo año el gobierno de Madrid decreta su desaparición sin conseguirla, siendo finalmente el día 31 del mismo mes, legalizado y regulado por la República. Pese a sus orígenes independientes, el 2 de noviembre aprobará un cambio en su programa de actuaciones, subordinándose al gobierno central, coincidiendo con la inminente llegada de la capitalidad estatal en noviembre de 1936, cuando se convierte en capital de la España republicana hasta 1937, cuando el gobierno se trasladó a Barcelona. Durante ese año el Congreso de los Diputados se reunía en la Lonja y el presidente de la República utilizaba el actual palacio de las Cortes Valencianas.

También durante este mes de noviembre una milicia anarquista, la Columna de Hierro decide tomar brevemente Valencia, en protesta por la escasez de aprovisionamientos que le proporciona el Comité Ejecutivo Popular, produciéndose posteriormente enfrentamientos por las calles de la ciudad entre milicias libertarias y grupos comunistas, con un saldo de más de 30 muertos.

El CEP de Valencia se autodisuelve el 8 de enero de 1937.

Antonio Machado llega a Valencia con su familia. El poeta se adhiere en a la Alianza de Escritores Antifascistas y participando en el II Congreso Internacional en Valencia.

El gobierno de la República se traslada desde el 6 de noviembre de 1936 hasta el 30 de octubre de 1937 a la ciudad, estableciendo la residencia del gobierno en la cercana localidad de Náquera. También parte del patrimonio artístico nacional y muchas de las obras del museo del Prado son traídas a Valencia, instalándolas provisionalmente como refugio en las Torres de Serranos y el Real Colegio del Corpus Christi.

La ciudad sufrirá numerosos bombardeos aéreos de la aviación fascista hasta el 30 de marzo de 1939, momento en el que consiguen tomar la ciudad.

Dictadura de Franco

En 1957, la Gran riada de Valencia tuvo graves consecuencias económicas para la ciudad y su huerta y obligó a desviar el cauce del Turia para prevenir futuras inundaciones, lo cual dotó a la urbe de un gran espacio verde central en el antiguo cauce. Se aprobó el Plan Sur y se construyó un nuevo cauce del río (en el extrarradio de la ciudad) para prevenir futuras inundaciones. Paralelo a este nuevo cauce discurre la V-30, autovía de circunvalación de la ciudad.

La España Democrática

Fernando Martínez Castellano fue el primer alcalde de Valencia al inicio de la etapa democrática.

En 1979 Ricard Pérez Casado, es investido como alcalde de la ciudad, desarrolla el primer Plan General de Ordenación Urbana, inicia las obras del parque del viejo cauce (se reconvirtió a mediados de los 80 en una zona lúdica y ajardinada con el Parque de Cabecera, Palau de la Música, Gulliver, Ciudad de las Artes y de las Ciencias). En los años 80 comenzó la construcción del Metro de Valencia del que hay cuatro líneas y continúa todavía en expansión.

Durante el golpe que tuvo lugar el 23 de febrero de 1981 el capitán general Milans del Bosch toma la ciudad de Valencia con la compañía de carros de combate perteneciente al batallón de infantería Vizcaya 21 con base en Bétera.

Posteriormente la ciudad pasará a ser la capital de la Comunidad Valenciana, constituida formalmente en 1982.

By | 2018-02-24T12:16:42+00:00 agosto 1st, 2016|Cultura, Portal Historia, Valencia|Comentarios desactivados en Historia de Valencia

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