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Reales Atarazanas del Grao. Inicio y desarrollo

Reales Atarazanas del Grao. Inicio y desarrollo

La Villanueva del Grao y el auge del comercio valenciano

Primera década del cuatrocientos

A través de los numerosos estudios se ha podido comprobar que, gracias al empeño y voluntad de los nuevos monarcas y, sobre todo, de la burguesía gobernante, la ciudad de Valencia mantuvo durante dos siglos una política de continua transformación hasta lograr ocupar un lugar privilegiado entre las ciudades del Mediterráneo, que vino favorecido en parte, por los problemas de Barcelona durante estos años (guerra civil e inestabilidad del campo).

Estas circunstancias determinaron una intensa política comercial y la puesta a punto de una ciudad a la que se deseaba mostrar como potente, prolífera y populosa.

Se borraron las huellas del pasado musulmán, se reestructuró la red urbana y se levantaron monumentales edificios para atender las nuevas necesidades.

El recinto de las atarazanas ayudó a la conversión de la Villanueva del Grao en el principal puerto de la Corona de Aragón.

Desde mediados del Cuatrocientos, Europa sufría un agotamiento de las redes comerciales por la continua concurrencia de economías regionales en el mercado internacional y la consecuente limitación de una oferta que se topaba con un relativo avance de la productividad mercantil e industrial y un lento crecimiento de la demanda interior.

Reales Atarazanas del Grao. Inicio y desarrollo

La Villanueva del Grao y el auge del comercio valenciano

La ciudad del Turia, aunque algo tarde respecto a las potencias mediterráneas, trató de introducirse en las líneas comerciales internacionales y, a pesar de que estas estaban relativamente ocupadas, se convirtió en escala obligada entre Italia y el Atlántico y monopolizó el pujante comercio con Berbería (Berbería o costa berberisca es el término que los europeos utilizaron desde el siglo XVI hasta el XIX para referirse a las regiones costeras de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia).

La mayoría de los comerciantes locales, menos entrenados en la competencia y el funcionamiento del mercado internacional, se dedicaron con mayor efectividad al comercio regional o de cabotaje (consiste en el transporte marítimo de personas, mercancías o equipajes entre diversos lugares del territorio de un estado sin abandonarlo) entre los puertos de la Corona de Aragón.

Los extranjeros en seguida se dieron cuenta de las posibilidades de compra y venta en una ciudad que no paraba de crecer, y de su situación como puente de entrada de productos procedentes de la cornisa africana mediterránea y sus enlaces con Asia Menor.

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Atraídos por estas posibilidades, en el enclave valenciano se asentaron mercaderes de diversas procedencias, sobre todo venecianos, que monopolizaban el comercio de lujo (tejidos y perfumes), de los que conocemos algunos nombres.

Junto a estos llegaron, genoveses, florentinos, pisanos y lombardos, barceloneses y provenzales, entre otros.

No es de extrañar, por tanto, que respondiendo a este tráfico de gentes y mercancías, Valencia contara desde 1.283 con el Tribunal Consolat del Mar (del que se conserva un bello ejemplar caligrafiado por Jaume Gisbert e ilustrado por Domingo Crepí a principios del siglo XV), constituido por Pedro III como organismo jurídico que tramitaba los asuntos mercantiles y marítimos.

Los productos que salían de nuestro puerto eran, en su mayoría, agrarios, destinados a mercados secundarios.

Lo más demandado por el mercado valenciano era el trigo, ya que Valencia era deficitaria en el cultivo de este cereal.

Reales Atarazanas del Grao. Inicio y desarrollo

Esta apertura que experimentó la ciudad al mar a través de un precario embarcadero favoreció el desarrollo comercial, pero también lo convirtió en víctima de ofensivas que debilitaron en más de una ocasión la zona portuaria.

El ataque de estos piratas y corsarios de diversas procedencias (muchas veces consecuencia de la no deseada política expansionista de los reyes de la corona de Aragón), cada vez más frecuentes a lo largo de los siglos XIV y XV, obligó a la construcción, no solo de naves para la defensa de la costa, sino también de un recinto defensivo desde el inicio del asentamiento en el Grao.

Tras la conquista, en toda la costa valenciana se potenció el restablecimiento de antiguos fondeaderos musulmanes, como el del puerto de Denia o Alicante y, sobre todo, la creación de nuevos “Graos” (entendiendo el término como punto de la costa que sirve de embarcadero) y núcleos de población anexos, con el fin de facilitar la comunicación entre ellos y proteger el litoral.

No debemos olvidar que la vocación marinera de Valencia resulta algo tardía por el asentamiento de la ciudad, ya desde tiempos romanos en una planicie sin abrigo portuario alguno, con una zona pantanosa poco propicia par el establecimiento urbano.

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La Villanueva del Grao y el auge del comercio valenciano

La fundación de la Villanueva del Grao conseguiría, además, acortar la distancia entre la ciudad y el mar.

Del aspecto del primitivo puerto y la Villanueva del Grao podemos hacernos una idea desprendida de los documentos existentes.

El primer privilegio (que algunos han considerado erróneamente la fecha de la fundación) data del 27 de mayo de 1.249 y, en realidad da testimonio de la voluntad del monarca de consolidar un núcleo de población ya existente compuesto por barracas, patios y propiedades bien delimitadas, que cada vez se construyen con materiales perdurables que atestiguan la voluntad de dotar al Grao de una población fija que se protegió, a partir de 1.281, con unas murallas y una torre.

Se sabe, además, que en ese momento ya existía el primitivo templo dedicado a Santa María del Mar en el mismo lugar donde se sitúa el actual levantado en el siglo XVII, y el Pont de Fusta, muelle de madera y estacas que salvaba la distancia entre una acequia o un ramal del Turia y que debía tener un papel restringido al desembarco de pasajeros y personal de relieve.

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Pedro III, aspirante al trono de Sicilia, necesitaba el apoyo de una potente flota para conseguir sus propósitos, puede que por ello el 5 de enero de 1.284 concediese una licencia a los Cónsules de Valencia para construir una barraca en el Grao de la mar con la finalidad de guardar y reparar las naves de la ciudad, así como sus aparejos y velámenes, ya que todavía no existía un embarcadero permanente y con el mal tiempo las naves debían remontar el Turia, entonces aún navegable, o fondear en la playa,

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Un texto de Ramón Muntaner le atribuye, a esta barraca, una capacidad de 25 galeras más sus aparejos, igual a la de otros recintos similares de la Corona de Aragón.

Pudiera tratarse de las Reales Atarazanas que aparecen nombradas en los textos de la época.

Poco a poco se favoreció el asentamiento conformando un núcleo urbano más o menos regularizado, cerrado por un amuralla y con una torre vigía, un puente de madera y un camino que le comunicaba con la ciudad, tenía horno e iglesia, y se concedió a la villa de un gobierno propio en manos del Justicia, al que se le imponía en 1.239 como condición indispensable para regentar este cargo ser habitante del lugar, el Guarda del Grau de la mar, figura que aparece regulada en 1.372, encargada de controlar las actividades comerciales marítimas, y otras autoridades como:

  • Guarda de les coses vedades.

  • Alguatzil de les armes real.

  • Lugarteniente del mustaçaf, cargo creado en 1.376.

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Las Atarazanas del Grao de la mar, 1.338-1.409

A partir de este momento aumentó la actividad constructora en la Villanueva del Grao, tratando de adecuarse a las nuevas necesidades de la ciudad de Valencia como metrópolis mediterránea y puerto de escala fundamental en varias rutas internacionales.

Ya el 27 de agosto de 1.338 la ciudad advierte la necesidad de disponer de un edificio propio para guardar las galeras en el Grao del mar.

A partir de 1.338 existe un vacío documental sobre las atarazanas hasta 1.377 cuando aparecen nuevas noticias.

En un documento del mismo año aparece nombrado el recinto, describiendo claramente su función, de lo que se puede deducir que el edificio estaba construido, al menos en parte, pero todavía tenía una capacidad demasiado limitada como para poder albergar dos galeras grandes en construcción y guardar otras dos con sus aparejos.

Con la realización de los llamados “porches” en 1.388, las atarazanas dejaban de ser un lugar donde las galeras permanecían a la intemperie, para convertirse en un local, en parte cubierto por un tejado de madera, para la construcción naval.

Entrada la última década del siglo XIV, la ciudad se vio obligada a apoyar al monarca enviando galeras propias a Sicilia.

La necesidad de construir más naves exigió el acuerdo tomado por el Consell de construir más porches parecidos a los ya habían.

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En este documento, sin duda, se hace referencia a la construcción de algunas naves, porque en mayo del siguiente año se paga a Jacme Falomir “per a obs de la obra de les voltes de la dresana del Grau de la mar[…] 2.000 sous” (sueldos) y es muy probable que “les voltes” nombradas correspondan a los arcos diafragma transversales comunicados entre sí por arcos longitudinales con la función de arriostramiento (estructura de sujeción y equilibrio en la construcción de edificaciones mediante contrafuertes, arbotantes o tirantes metálicos o de madera) que han sobrevivido hasta nuestros días.

Además, por los elementos todavía palpables de la factura original tras la intervención del edificio, se observa una fábrica de mampostería más antigua y gruesa en el muro adyacente a la actual plaza del Tribunal de las Aguas, delante de la iglesia de Santa María del Mar (si bien no se debe descartar la posibilidad de haber reutilizado esta pared procedente de otro edificio, como el de las antiguas atarazanas reales que debían estar muy cerca de las actuales.

Por tanto, cabe decir que el edificio no se debió de concebir con un plan previo general, sino que se levantaron primero algunas naves y después, respondiendo a las nuevas necesidades, las restantes.

El núcleo central de las instalaciones de las atarazanas lo constituían cinco naves longitudinales formadas cada una de ellas por nueve arcos diafragma de perfil apuntado construidos en ladrillo, que se apoyan sobre pilares rectangulares transversales al eje mayor de las naves y sustentan dos arcos cada uno, excepto los del lado norte y sur que lo hacen sobre contrafuerte.

Las naves están comunicadas entre si por otros ocho arcos apuntados de menor luz, configurando el mayor espacio cubierto de arquitectura medieval valenciana.

La planta es rectangular, siendo la quinta nave algo mayor que las anteriores.

Reales Atarazanas del Grao. Inicio y desarrollo

La techumbre es de madera a doble vertiente apoyada sobre los arcos transversales de las naves y está terminada con vigas de madera y tejas planas (solo quedan algunas con esta forma en la segunda y tercera nave, siendo las otras acanaladas).

El cuerpo transversal a modo de porche que se abre en la puerta delantera no existía originalmente, de la misma manera que las ventanas abiertas aún en 1.947 sobre la calle José Aguirre, se han cegado.

Los elementos originales de la construcción que han superado el paso de los siglos son los cuatro canalones de piedra caliza con el escudo de la ciudad que servían para recoger el agua.

Comienzan a aparecer elementos del edificio hoy desaparecidos y que formarían parte de un gran recinto que poco a poco, los autores, trataran de definir.

Como elementos de localización asegurada encontramos solamente la iglesia y el edificio de las atarazanas que hoy se conserva.

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La Villanueva del Grao y el auge del comercio valenciano

La muralla no se levantó hasta 1.500, ni el ramal del rio, que se desvió en 1.442.

La carnicería se sabe que estaba al sur del recinto y tenía una pared medianera con las atarazanas, al igual que la iglesia, aunque no se hace mención hasta 1.533, después de la expropiación de terreno para construir estancias con establos en 1.499, por tanto, la zona limítrofe con la iglesia es confusa.

Los porches de madera, anteriormente citados, para poner a cubierto las galeras más grandes debieron levantarse en la zona norte del recinto, puesto que delante de las naves se requería un espacio libre para terminar de armar las galeras antes de la empalizada que se derribaba cada vez que se sacaban al mar.

De este modo, al menos en los años de mayor auge y funcionamiento del edificio, se ampliaría la zona norte, ocupada, posiblemente, por estos porches y algunos almacenes, casas para guardar los aparejos y otros menesteres, así como el jardín y otras dependencias.

Lindando con el edificio actual, en la parte que hoy es trasera, se levantaron unos pórticos de madera para cobijar algunos aparejos de las galeras.

Delante de las naves de la atarazana había un gran patio para terminar de preparar las galeras antes de sacarlas al mar, donde se montaban los remos y las velas.

Delante de este patio, una pared alta se levantaba frente al mar.

Probablemente podría haber sido primero una empalizada de madera levantada en 1.414 con tierra.

Esta pared se derribaba cada vez que necesitaban sacar una galera al mar y se volvía a levantar.

En la parte trasera de la atarazana, detrás también de los porches para las galeras grandes, debieron existir unas balsas de agua para preparar la madera necesaria para la construcción de las naves y, numerosos almacenes para todos los pertrechos necesarios.

Además se sabe de la existencia de muchas más dependencias, patios, huertos, corrales, almacenes, etc.

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Mecenazgo de Valencia: Edificios públicos y urbanismo.

La urbanización de Villanueva del Grao se desarrolló paralela a la política potenciada por el Consell en la misma ciudad, puesto que un siglo después de la ocupación pactada, la ciudad todavía conserva las características urbanas de los tiempos musulmanes, aunque su fisonomía estaba alterada por la construcción de iglesias, conventos y edificios públicos.

La política se concentró en manos de una determinada clase social que ha venido a denominarse “patriciado urbano”, compuesta por familias nobiliarias y ciudadanas unidas por distintos lazos: Filiaciones familiares, actividades económicas e intereses socio-políticos.

Se trataba de clanes que luchaban por la regencia prolongada de los cargos públicos, que acabó por alternarse entre un reducido grupo de familias (Escrvà, Marrades, Suau, etc.).

Este gobierno de perfil e intereses claramente comerciales contaba con el apoyo y control de la corona, con financiaciones cada vez más cuantiosas.

De hecho, Valencia es una de las capitales más cuidadas de la monarquía, no en vano, el municipio siempre respondía con lealtad a la corona y la apoyaba económicamente en sus empresas.

Superados los tiempos difíciles de la crisis de la Unión (1.347-1.348), la guerra con Castilla (1.365-1.375), la peste y la crisis económica, el gobierno municipal procuró mejorar la apariencia de la ciudad y adaptarla a las necesidades de sus habitantes, conjugando belleza y utilidad, con la finalidad de asignar a Valencia una buena fama de acuerdo con su futuro papel.

El principal objetivo consistió en hacer desaparecer la imagen musulmana de la ciudad, tal y como la describen los Jurados de la ciudad el 18 de julio de 1.393.

A partir del 11 de junio de 1.401, se levantan nuevos edificios, como la puerta de Serranos (1.393-1.398), la puerta de Blanquers (1.400) o el puente de la Trinidad (1.401-1.404).

Uno de estos signos de potencia municipal de la época, fue el arsenal, que recibía de frente a los llegados a Valencia por mar.

 

Fuentes consultadas:

  • Archivos autores.

  • Archivo del Reino de Valencia.

  • Archivo Histórico Municipal.

  • Biblioteca valenciana.

  • Biblioteca Histórica de la Universidad de Valencia.

  • Archivo de la Diputación provincial de Valencia.

  • Hemeroteca valenciana.

  • Wikipedia

  • Padrón Municipal de Habitantes.

  • Diez Arnal. Reales Atarazanas

Bibliografía:

Existe mucha bibliografía sobre las Reales Atarazanas del Grao, aunque solo citaremos algunos ejemplos:

  • Las Atarazanas del Grao de la mar. Gemma M. Contreras Zamorano.

  • Las Atarazanas del Grao de Valencia. Francesc Almela i Vives.

  • Las Atarazanas de Valencia. Ferrando Pérez, R. – Sánchez Adell, J.

  • El Justicia y las Atarazanas del Grau de la Mar de Valencia a principios del siglo XIV. Janini de la Cuesta, Álvaro. 1.970.

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By | 2018-02-24T12:22:02+00:00 enero 4th, 2018|#Edificios Singulares, Atarazanas, Edificios singulares|Comentarios desactivados en Reales Atarazanas del Grao. Inicio y desarrollo

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