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Durante siglos se ha dicho que Valencia era una ciudad de espaldas al mar, pese a tenerlo tan cerca. Y es que el barrio en el que vivían los pescadores
y los trabajadores del puerto ha sido considerado desde siempre “fuera de Valencia”. Hoy, el Puerto de Valencia es uno de los más importantes de Europa en tráfico de contenedores, y junto a él, los barrios que lo rodean ofrecen interesantes atractivos para el visitante.

En este recorrido visitaremos el Puerto, escenario de las 32ª y 33ª America’s Cup, con sus atarazanas, el histórico barrio de El Cabanyal, la playa de la Malvarrosa y en su mismo paseo, la Casa-Museo del escritor Vicente Blasco Ibáñez.

Comenzamos en el edificio de la Estación Marítima o Edificio del Reloj. El Puerto de Valencia, tal como hoy se conoce, empezó a tomar forma en 1676, a través del proyecto de Tomás Güelda, aunque no fue hasta la segunda mitad del XIX, y sobre todo hasta las primeras décadas del XX, cuando se construyeron las estructuras y edificios que lo convirtieron en un puerto moderno.

Si se llega al Puerto por la llamada avenida del Puerto, nos encontramos de frente con la Estación Marítima, y el Edificio del Reloj, con su torrecilla y reloj de inspiración francesa. Junto a él, subsisten los restos del puerto valenciano de principios de siglo: la dársena interior del puerto muestra una serie de construcciones y artilugios de indudable encanto, testimonio muchos de ellos de actividades pasadas. Es el caso de los tinglados para almacenaje de mercancías, construidos hacia 1910 y en los que destaca la decoración modernista alusiva al comercio y la navegación y los mosaicos cerámicos de temática valenciana.

Quedan en pie todavía alguna de las grandes grúas, testimonio de una época en la que las mercancías eran izadas en sacas, cajas o barriles hasta las bodegas de los cargueros, antes de que aparecieran los contenedores modernos. También son dignos de admirar los docks comerciales, proyectados por Demetrio Ribes hacia 1911, o el edificio de Aduanas, obra de Enrique Viedma de 1930. Si bordeamos el puerto hacia la izquierda y nos internamos en las calles posteriores, llegamos al Cabañal, uno de los barrios más históricos de la ciudad de Valencia, si bien se conservan pocos vestigios de su pasado. Sus orígenes se remontan al siglo XIII, cuando un grupo de pescadores se asentó en la zona construyendo pequeñas barracas en primera línea de playa. Apoyados por el Rey Jaime I, a quién le interesaba el desarrollo de la pesca, se fue formando un barrio de pescadores que, en el siglo XV, comenzó a llamarse Cabañal. Pronto, los pescadores se organizaron en gremios y constituyeron una sociedad propia cuyas raíces se mantienen hasta la actualidad.

Junto al Puerto pueden visitarse las Atarazanas del Puerto, uno de los mejores vestigios del gótico civil valenciano. Estos edificios se construyeron en el siglo XIV para servir como astillero, arsenal y almacén de enseres de navegación de la ciudad. En aquella época el complejo se completaba con diversos patios al aire libre en los que existían balsas para «amerar» madera y tinajas para almacenaje. Hoy en día, se utilizan como espacio para exposiciones. En el barrio del Cabañal se encuentran el Museo del Arroz y El Museo de la Semana Santa Marinera, una singular celebración de la Pasión de Cristo, en la que los vecinos miembros de las cofradías desfilan por la calle y representan los últimos días de la vida de Jesucristo.

Superado ya el puerto y si continuamos muy pegados a la línea del mar, alcanzamos la playa de las Arenas, con su paseo marítimo plagado de restaurantes. Junto a la playa de la Malvarrosa era el lugar de veraneo de muchos valencianos a principios del siglo XX. Todavía se conservan algunos chalets de aquella época, aunque ya reformados y los restos del balneario –en cuyo espacio hoy hay un hotel- al que los jóvenes valencianos iban a divertirse y a tomar los baños en las décadas de los 40 y los 50. La playa de la Malvarrosa posee más de 35 metros de anchura de arena y está recorrida por un paseo marítimo siempre animado.

A pesar de la remodelación del paseo y los locales adyacentes, su aspecto todavía conserva un sabor tradicional y algunos de sus establecimientos son los más pintorescos de la ciudad. Al final de la playa de la Malvarrosa, frente al mar, nos encontramos con el último punto de nuestra ruta, la Casa–Museo de Vicente Blasco Ibáñez. La casa se construyó en 1902. Se trata de un edificio de tres plantas, sin estilo definido, en el que destaca la gran terraza sostenida por cariátides abierta al mar. Desde ella, instalado en una soberbia mesa de piedra, Vicente Blasco Ibáñez escribió algunas de sus obras más conocidas. El edificio cayó en desuso y fue abandonado, quedando en ruina en la década de los ochenta. Actualmente el Ayuntamiento lo ha reedificado de nueva planta respetando su fisonomía original e instalando en él la Casa-Museo de Blasco Ibáñez, que acoge retratos y esculturas del escritor y su familia, así como muebles, documentos y objetos entrañables de su vida.

By | 2018-02-24T12:14:46+00:00 enero 5th, 2017|Rutas|Comentarios desactivados en Valencia hacia el mar: Cabanyal, la playa, el puerto

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