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A principios del siglo XX, bajo la denominación de “modernista” se dieron cita muy diferentes estilos arquitectónicos, que van desde el racionalismo más austero al romanticismo más recargado. En Valencia, esta corriente adoptó sus propias características y dejó algunos de los edificios más singulares y hermosos de la ciudad.

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En este recorrido intentaremos descubrir las joyas escondidas del modernismo valenciano. Un estilo que fue fusión de muchos otros y que en esta ciudad se caracterizó por realizar una exaltación de todo lo valenciano: la huerta, las falleras, la naranja, los pescadores… Podremos ver mosaicos multicolores, adornos, esculturas y en definitiva una forma de arquitectura que celebra la vida con alegría.

Comenzamos en pleno centro histórico de Valencia, en la plaza de la Almoina. Allí se encuentra el edificio Punt de Ganxo, construido sobre la antigua capilla de San Valero, que queda integrada en el inmueble. Su constructor, el arquitecto Manuel Peris, organizó la fachada, no por pisos, sino por tramos verticales, enmarcados entre pilastras que asemejan troncos. Dentro de cada tramo se desarrolla una profusa decoración esgrafiada en blanco
sobre rojo. En todo el edificio hay reminiscencias decorativas góticas y románicas.

Desde la plaza de la Almoina nos dirigimos, cruzando la Plaza de la Reina, hacia la plaza del Mercado, en la calle Palafox, bordeando el Mercado se encuentra la Casa Ordeig. Construida por Francisco de Mora y Berenguer hacia 1907, la casa Ordeig es un edificio de viviendas modernista, con un repertorio decorativo neogótico en el que se acumulan motivos inspirados en la cercana Lonja.

Frente a la Lonja se halla uno de los principales monumentos modernistas de la ciudad, el Mercado Central. Proyectado en 1914 por los arquitectos Alejandro Soler March y Francisco Guardia Vial, antiguos cooperadores de Doménech Montaner, las obras del Mercado central se llevaron a cabo entre 1910 y 1928. El edificio es una alegórica arquitectura del acero, que encarna en su ornamentación simbólica la luminosidad de las cerámicas de La Ceramo y en el colorido de sus vidrieras, toda la riqueza de la huerta.

Desde el Mercado, atravesamos hacia la plaza del Ayuntamiento y por la calle Marqués de Sotelo alcanzamos la Estación del Norte. Este original conjunto fue proyectado por el arquitecto valenciano Demetrio Ribes en 1906 e inaugurado en 1917. Es modernista, dentro de la corriente denominada «Sezesión Vienesa», pero se trata, sobre todo de una adaptación libre de Ribes. En ella destacan los abundantes detalles decorativos, coloristas, con numerosas piezas cerámicas que reproducen distintos tipos de adornos florales y abundancia de escudos de la compañía y de la ciudad.

Destaca también la exuberante decoración del vestíbulo, con un minucioso diseño de las taquillas y arrimaderos de madera, con incrustaciones de mosaico y decoraciones cerámicas con abundancia de Trencadís, azulejos troceados, como revestimiento de paredes y techos formando un conjunto de singular belleza.

Si continuamos por la calle que enfrenta la Estación, calle Xàtiva, en dirección a la plaza de Toros, nos adentraremos en la calle Colón, uno de los ejes principales del Ensanche. Desde aquí podremos visitar algunos interesantes edificios de viviendas privadas que son excelentes muestras del modernismo valenciano.

En el número 3 de la calle Félix Pizcueta, se encuentra un edificio de estilo neogótico construido en 1901 por José Manuel Cortina Pérez.

Y en la calle Sorní número 14, otro del mismo autor y tono más contenido. Aunque la obra máxima de este arquitecto se encuentra en la calle Sorní número 6, en la denominada Casa de los Dragones. Se trata de una curiosa edificación de viviendas situada en la que estaba llamada a ser una de las más importantes calles del primer ensanche de Valencia. Pero lo que singulariza este edificio es sin duda la peculiar decoración de sus fachadas en un
personalísimo estilo del autor que ha sido bautizado como medievalismo fantástico. En este caso son los dragones el motivo ornamental predominante, dentro de un abigarrado conjunto de elementos neogóticos, ornamentos florales, curiosas columnas voladas sobre ménsulas y motivos un tanto extravagantes como la locomotora alada, símbolo del progreso.

Cerca de la Casa de los Dragones nos encontramos con el precioso Mercado de Colón, construido en 1914, y actualmente restaurado como centro comercial, con restaurantes y terrazas. En él, la estructura metálica sobre pilares de fundición está enmarcada por dos potentes testeros de ladrillo, perforados por imponentes arcos, en los que se produce una brillante utilización ornamental de diversos materiales, fundamentalmente la piedra y el mosaico. El Mercado de Colón es, además, un excelente lugar para hacer un alto en el camino y coger fuerzas para continuar la ruta.

Una de las calles que bordean el Mercado de Colón es Cirilo Amorós; si la tomamos podremos alcanzar el viejo cauce del Turia y cruzar al otro margen del río por el Puente de las Flores. Una vez al otro lado, nos encontramos en el paseo de la Alameda, lugar en el que entre 1909 y 1910 se celebraron las Exposiciones Regional y Nacional. La Exposición fue un acontecimiento sin precedentes en Valencia, y para darle acogida se construyeron edificios según el gusto modernista de la época. De ellos nos quedamos con el Palacio de la Exposición, construido con carácter efímero en tan solo setenta días. El edificio, obra del arquitecto Francisco Mora Berenguer, trata de evocar en un neo-gótico peculiar el periodo glorioso de la Valencia medieval, plasmando, a modo de compendio, arquitecturas del gótico civil religioso o militar.También en la zona se levantan el Asilo de la Lactancia, la antigua Fábrica de Tabacos y el Balneario de la Alameda.

Para terminar nuestro recorrido, proponemos dos edificios en las afueras de la ciudad. Acercarnos a ellos supondrá utilizar algún medio de transporte motorizado, pero son dos interesantes piezas arquitectónicas que merece la pena descubrir. En primer lugar, el Asilo de San Juan de Dios. Diseñado por el arquitecto Francisco Mora Berenguer en 1907, responde a una nueva concepción higienista que se plasma en la disposición abierta del edificio con amplias galerías y terrazas para aprovechar los beneficios del sol y de la brisa marina. Se encuentra en la playa de la Malvarrosa.

En segundo lugar, nos acercamos al Palacete y los jardines de Ayora, situados en la Av. Santos Justo y Pastor. Fue construido en 1900 para José Ayora por el maestro de obra Peregrín Sumbiela. Constituye una de las mejores muestras de lo que podríamos denominar residencia suburbana.

By | 2018-02-24T12:14:48+00:00 diciembre 21st, 2016|Rutas|Comentarios desactivados en Valencia modernista: las joyas escondidas de la arquitectura valenciana

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